La verdad legal

 

Teodoro Barajas Rodríguez

Son muchas las historias contradictorias en las que el elemento común es la impunidad, las verdades jurídicas suelen no ser creíbles en nuestro país, una de las narrativas escrita en la memoria para no olvidarse es el crimen contra Luis Donaldo Colosio hace 21 años.

En 1994 alguien dijo que los demonios se soltaron, dejaron el inframundo y repartieron zozobra en nuestro país, ese año comenzó con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio; a la par, la irrupción del EZLN en Chiapas globalizaba por internet los rezagos históricos en el México profundo.

El 23 de marzo de ese año fue asesinado el entonces candidato priista a la Presidencia de la República Luis Donaldo Colosio Murrieta; parecía que los tiempos inestables posrevolucionarios retornaban, la convulsión se instalaba con facilidad y se aventuraban las más disparatadas especulaciones, el río se revolvía.

Nadie sabe, nadie supo. La muerte perpetrada por oscuros intereses, ejecutada por Mario Aburto, fue un vuelco para retornar por el sendero de la barbarie. Acción concertada, asesino solitario, los indicios fueron encontrados, algunos de los investigadores del crimen fueron también abatidos. La trama en torno al expediente del homicidio fue una historia interminable, como el tejer y destejer para nunca llegar a lo concreto.

Luis Donaldo Colosio apenas había relanzado su campaña el 6 de marzo con un discurso atípico para ser del PRI, dijo ver un México con hambre y sed de justicia, un país harto del burocratismo como de la arrogancia gubernamental, dijo no querer votos al margen de la ley. Algunos interpretaron las palabras del abanderado tricolor como un enfrentamiento con el entonces mandatario Carlos Salinas de Gortari, aunque había sido el propio presidente quien lo había designado para cumplimentar el ritual sexenal, el peso de la costumbre y la liturgia mexicana del poder, la entonces inmutable ley no escrita.

Durante la campaña del nacido en Magdalena de Kino, la sombra de Manuel Camacho Solís no le dejaba, éste ganaba protagonismo en el desempeño de su papel como comisionado para la paz y reconciliación en Chiapas, Colosio Murrieta mantenía una campaña sin despegue.

El suceso que llegaba con esa primavera de 1994 parecía llevar a México a una escalada cruenta como lo confirmaría el asesinato posterior de su compañero de partido José Francisco Ruiz Massieu, meses después.

Hace 21 años del crimen contra Luis Donaldo Colosio, aunque el homicida está tras las rejas una inmensa mayoría no creyó en la verdad legal, los motivos para la incredulidad son múltiples como justificables. La impunidad tiene su propia narrativa.

La barbarie no se ha detenido, la violencia irrumpe para fabricar historias de miedo, el tiempo de Colosio tiene semejanzas con la actualidad. Como suele ocurrir con crímenes perpetrados a través de la historia que se vinculan con el poder, parece que nunca se resolverán las incontables dudas.

Probablemente en algún momento se dijo la verdad en relación con el caso Colosio, pero no se creyó.