El Agente 007

 

 

Alfredo Ríos Camarena

Las tradiciones legendarias, la historia y el desarrollo de México tienen un profundo significado en la cultura mundial y también en la economía contemporánea; México es un país respetable y respetado, con una sólida política internacional y, a pesar del difícil momento que vivimos —por razones de desigualdad, de impunidad, de inseguridad y de violencia— la perspectiva es que va a mejorar inexorablemente.

Sin embargo, se están dando fenómenos que empequeñecen nuestra posición global, al convertir las tradicionales calles del Centro Histórico de la ciudad de México (patrimonio histórico de la nación), en un frívolo set cinematográfico; es cierto que se han utilizado estas instalaciones en otras ocasiones, para grabar series o películas históricas que —de una u otra forma— aumentan nuestro acervo cultural, pero hoy se trata de dar una publicidad barata y absurda a estas sólidas instituciones y a esta belleza arquitectónica indígena y colonial, que son orgullo de nuestra ciudad.

Esta forma de “vender” a México, supuestamente para impulsar el turismo, es francamente globera, ridícula y, aunque se despierte el interés de la población, pienso que se afrenta nuestro patrimonio histórico y cultural. Qué bueno que estamos celebrando un año de magníficas relaciones con el Reino Unido y que acaba de ser recibido nuestro presidente con protocolos y honores, pero no nos podemos prestar a entregar dócilmente nuestras instalaciones, nuestras calles y hasta nuestro pueblo a través de los extras del filme.

Ian Fleming nació en 1908 y murió en 1964, fue agente del servicio secreto inglés y en 1952 apareció su primer libro y nació su personaje James Bond, el legendario 007, a quien la industria fílmica lo ha proyectado en acciones inverosímiles, bastante tontas, pero —habrá que decirlo— sumamente divertidas para el imaginario mundial. Su principal actor fue Sean Connery, y hoy Daniel Craig tiene conmocionada a la capital de la república.

Conociendo las tramas de las divertidas películas del 007, muy probablemente apareceremos en la pantalla grande como un país subdesarrollado, a quien salva la acción heroica del agente inglés con licencia para matar.

Esta buena disposición del gobierno local y del gobierno federal, que cierran calles con policías y custodian espacios para la realización de este churro internacional, nos sitúa en una posición francamente criticable y débil.

¿Cómo es posible —según se dijo— que no se pudiera realizar el homenaje del gobierno federal a Benito Juárez, dentro de Palacio Nacional? Cierto o no, la sola posibilidad es francamente ridícula.

Las supuestas ventajas de promoción e inversión que este filme nos pudiera traer no justifican la acción pusilánime y dócil de las autoridades del Distrito Federal y de la federación.

El centro de México también es el centro ceremonial de los aztecas y el corazón de la república, sede de nuestras instituciones y de los Poderes de la Unión, de conformidad con el artículo 44 de nuestra Constitución, por tanto, lo menos que nos merece, es respeto.