Patricia Gutiérrez-Otero

A la memoria de José María Sbert

 En el mundo globalizado no podemos pensar la sociedad más que en términos de crecimiento o desarrollo como si ello fuera la panacea de un mundo libre de penurias, aunque el último tercio del siglo XX y los inicios del XXI hayan mostrado que el auge económico no disminuyó las situaciones de pobreza mundial acumulando la riqueza sólo en algunos países y sólo en algunos sectores sociales, y también aumentó gravemente el deterioro de la naturaleza.

Pensadores como el mismo Gandhi, Jacques Ellul, Schumacher, Iván Illich, Serge Latouche y otros, han realizado una crítica al desarrollo y al crecimiento económico. Han previsto que de seguir en este derrotero la vida del planeta y del ser humano en él llegarán a su fin persiguiendo sueños prometeicos que sólo beneficiarán a algunos. Y si el planeta sobrevive, lo humano en el hombre desaparecerá, como de alguna manera lo previó ya Aldous Huxley en su novela Un mundo feliz. Lo humano, es decir la capacidad de libertad, de voluntad libre y racional, la capacidad de mesura ante lo que ofrece la técnica y la tecnología. Lo humano dado, también se educa, contrariamente a lo que hace la cultura actual, por ello uno de los libros de Latouche se llama Descolonizar el imaginario: el pensamiento creativo contra la economía de lo absurdo, y propone un camino que resume en 8 pasos.

Revaluar significa revisar los valores sociales que nos guían, y elegir los de solidaridad y cooperación contra los de competencia y consumo.

Recontextualizar o reconceptualizar la manera en que construimos nuestro modo de captar y construir la realidad. La pobreza, la escasez, la felicidad son construcciones sociales que podemos desmantelar para reconstruir.

Reestructurar el aparato de producción y las relaciones sociales según los valores nuevos de vida simple y respeto ecológico.

Relocalizar el consumo y la producción a nivel local, y evitar el transporte desde largas distancias que equivalen a altos costos energéticos.

Redistribuir el acceso a las riquezas.

Reducir el consumo a lo que es justo, evitando el consumismo desenfrenado típico de las sociedades capitalistas.

Reutilizar los bienes, repararlo y conservarlos en vez de desecharlos.

Reciclar los objetos hacia otros usos.

La crisis actual nos impulsa hacia este cambio al que podemos resistirnos si no aceptamos una descolonización de nuestro imaginario implantado desde hace un siglo a través de los medios de comunicación masiva. Es un reto, es una oportunidad, es una elección que nos ofrece una vida sencilla, digna y gozosa.

Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés, que se siga la investigación sobre los 43 normalistas de Ayotzinapa, que se dé marcha atrás en las reformas constitucionales.

 

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