Ricardo Muñoz Munguía

Nada se crea de la nada, el lenguaje tiene su porqué. Y para su creación, primero tuvo su necesidad. Así que tal necesidad creó su órgano: la laringe, claro, tienen que ver la lengua y otras características de la boca para completarlo pero esencialmente en la laringe, gradualmente, se origina el habla. La descripción anterior es para pasar dos veces el dedo sobre el renglón de la importancia del lenguaje, pero enfocado a un lenguaje de calidad y, sobre todo, en el que la verdad tenga un real pronunciamiento.

Imaginemos la problemática, o el caos, sin el lenguaje. Así también con la verdad, cada vez más lastimada. El caso sobre Carmen Aristegui nos hace voltear irremediablemente hacia las fracturas que aparecen en los muros de la Comunicación, en donde se deja ver, en algunos casos con descaro, el interés personal o de grupo, muy por encima del compromiso que representa la comunicación.

Supongo no es necesario entrar en lo que supuestamente llevó a la salida a Aristegui de MVS, el despido de Irving Huerta y Daniel Lizárraga, equipo de Aristegui, por “haber comprometido el nombre de MVS sin contar con facultades para ello y sin haber consultado previamente a la administración de la empresa”, como lo mencionó la compañía. No, más allá de encontrar la razón, la que también deja verse cristalina, y que tiene que ver con el gobierno y con Televisa, es a todas luces un claro “atropello a la libertad de expresión”, como lo mencionó la propia Aristegui.

Lo que sucedió con la comunicadora tiene su porqué. Sin duda, más allá de ser una venganza por haber puesto a la luz el caso de la Casa Blanca, es más bien una filosa piedra en el zapato (que “tiene todos los visos de haber sido planeado con mucha anticipación con muchos recursos y con mucho poder”: Aristegui) para la carrera de las próximas elecciones. Haber si no sangran más con este “atropello” a la Comunicación de calidad.