Alejandro Alvarado

Políticos, empresarios, militares, policías y delincuentes se disputan el negocio de las drogas. Hay cifras contundentes que demuestra cuál es la verdadera ganancia en la más poderosa industria ilegal del siglo XXI. En el libro Mares de cocaína (Grijalbo) Ana Lilia Pérez revela que en países productores como Perú y Colombia, un kilogramo de cocaína pura de alta calidad, que va a multiplicarse después cuando se mezcle con otras sustancias, puede conseguirse en un precio de entre 700 y 800 dólares; pero cuando este narcótico es trasladado a los lugares más remotos del Pacífico, un solo gramo de cocaína se vende a los mismos 700 u 800 dólares que costó el kilogramo inicialmente.

—Considerando este incremento se puede calcular la dimensión de las ganancias que adquieren las personas involucradas en el negocio —señala la periodista reconocida con el Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo, y con el Nacional de Periodismo que le ha concedido tres veces el Club de Periodistas de México. Entre otros premios, Ana Lilia obtuvo en 2005 el reconocimiento del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia por un reportaje sobre el tráfico de niñas centroamericanas en México.

—En Mares de cocaína se demuestra que los criminales no son sólo los que traen pistola —agrega Ana Lilia—. Los grandes criminales que logran blanquear dinero a nivel macro en las bolsas de valores de los países más importantes del mundo operan en otro nivel, en uno corporativo, y yo lo refiero identificando empresas navieras, empresarios importadores, exportadores que tienen negocios fachada y su negocio principal es el tráfico de drogas montados en una estructura, la misma entre la cual se mueve el setenta y el ochenta por ciento del comercio mundial.

−¿Para poder mantenerse en el mercado los grupos de narcotraficantes requieren el apoyo de los gobiernos y las empresas en el nivel mundial?

—Así es.

—¿El narcotráfico es utilizado por diferentes países para que crezca su economía?

—Los gobiernos tienen distintas maneras de apoyar la criminalidad, digámosle así, una es por colusión y otra es por omisión. La manera en que ha germinado este tráfico de drogas a gran escala es, precisamente, porque los gobiernos que no están involucrados están, por lo menos, ajenos a lo que ocurre en el ámbito marítimo; el que en la actualidad, a pesar de que hay normas internacionales para la seguridad, está totalmente corrompido por las organizaciones criminales. Ciertos puertos de algunas regiones del mundo son identificados como narcopuertos. Los principales exportadores e importadores no son comerciantes legales, son los narcotraficantes. En el libro incluyo un mapa donde se identifican las principales rutas de tráfico. Si miramos con ojo crítico la situación nos damos cuenta que la criminalidad que hoy vive México, el nivel de violencia derivado del crimen organizado, es una responsabilidad que excede las fronteras de México.

—¿Qué sucedería en las economías del mundo si se retirara el dinero del narco?

—Muchas de ellas se desplomarían; pero pongamos el caso de México, donde muchos funcionarios están implicados con el narco, y son secretos a voces salvo por escándalo, o casos dolorosos como el de Ayotzinapa, donde de pronto descubren que un alcalde está implicado en el crimen organizado. Es una vergüenza que ocurra eso en este país. Es como cerrar los ojos a una realidad; pero esto no es un hecho aislado: el crimen organizado ha permeado en todas esferas de la economía mexicana. Desgraciadamente, en muchos estados el dinero criminal es el motor de su economía. Y lo podemos ver aquí en lugares, sobre todo de provincia, donde los traficantes generan gran cantidad de empleo. Si se quiere combatir al crimen organizado deben ser implacables contra la corrupción. Porque el dinero criminal no sólo beneficia a los traficantes, beneficia a esos funcionarios públicos que se dejan comprar, beneficia a los gobiernos corruptos que cierran los ojos para obtener su propia ganancia. El crimen organizado, sobre todo el mexicano, que es el que en el nivel internacional ha alcanzado mayor expansión, ha diversificado también sus negocios: trafica seres humanos y trafican joyas. Podemos ejemplificar con el caso de La Familia Michoacana enviando acero y minerales a China.

—¿Qué representa el narcotráfico para un presidente de la república?

—Para empezar, depende de la realidad del país. Cuando hablamos de narcoestados hablamos de una economía permeada por el crimen organizado. Y representa una fuente de ingresos, pero también puede representar para un gobierno su legitimidad. Y podemos hablar desde el nivel micro de las alcaldías, donde quien selecciona al alcalde no es el electorado, no es la ciudadanía, sino el narco local. Y aquí en México eso se ha visto mucho. Solamente que se cierran los ojos a una realidad que es latente, muy evidente.

—¿En México, existe una voluntad por combatir financieramente el narco?

—No se ve una verdadera voluntad de los gobiernos. Edgardo Buscaglia siempre ha pedido que se ataque a las estructuras financieras de los narcotraficantes. En este libro se comprueban muchas de sus tesis, las cuales son principios internacionales contra el lavado de dinero. En Italia hay casos exitosos, aunque la mafia italiana sigue vigente, y ahora asociada a las organizaciones criminales mexicanas, en mi libro cito el caso de los principales ríos y mares italianos, el Mar Adriático, por ejemplo, cómo llega hasta allá la influencia de los Zetas y del Cártel del Golfo; o la tienen en puertos tan importantes como el de Liverpool. Pero también he podido ver casos exitosos en lugares como Corleone, que se había identificado como la cuna de la mafia, donde todas las propiedades de los traficantes se las quitó el gobierno para proporcionárselas a la sociedad. Ahora son cooperativas, un beneficio social. En este México ni siquiera sabemos el destino de los bienes incautados a los narcotraficantes. No hay transparencia en nuestro país, no se ve en él una estrategia definida sobre el lavado de dinero. Si no sabemos qué ocurre con todos los bienes incautados, mucho menos podemos esperar que estos bienes sean utilizados para un beneficio social.