La farsa que nos espera

René Avilés Fabila 

 Arrancaron oficialmente las campañas políticas de aspirantes a diputados, asambleístas, delegados capitalinos y hasta las de algunos que desean poner su grano de arena en la destrucción del país desde algunos estados. Eso es la parte ridículamente oficial, porque todos los partidos, desde el más añoso, el PRI, hasta el más joven de edad y tan viejo como los demás por su experiencia para mentir y provocar conflictos (Morena) llevan meses haciendo campaña, bombardeando a la población con insultos, majaderías, tonterías y ningún concepto que nos muestre su posible ideario. La sociedad tiembla de preocupación porque abundan los nombres de políticos que deberían estar en la cárcel.

A esta farsa, los periodistas mexicanos, tan amantes de los lugares comunes, la califican como campaña inédita. Si lo fuera, sería porque hoy participan diez partidos, ninguno con programa, ninguno con ideología, ninguno con la certeza de ayudar a que México mejore, sólo movidos por el afán de poder y lucro. Las encuestas, otro acto inédito, ya indican cómo se mueven los mexicanos en edad de sufragar. Todos fingimos atención y los políticos intensifican sus mensajes de odio y de irrespeto a un país que debería actuar de manera distinta para evitar la burla que significan procesos electorales que más parecen farsas que realizaciones inéditas. Las autoridades electorales fingen imparcialidad, severidad en la forma en que manejan los dineros de la sociedad, pero son quienes más contribuyen al desorden y el caos. Al Verde Ecologista no hay que multarlo una vez más, ya no podrá pagar, hay que quitarle el registro. Y qué decir de Morena: su campaña se basa en arrojar lodo por donde pasan sus candidatos, ya es su fuerte, enfangar más la política. Su caudillo miente, acusa, promete, se dice víctima de la mafia del poder, cuando él mismo forma parte de ella y su demagogia es evidente. Sólo los muertos pueden creerle, los llamados pejezombis que lo siguen repitiendo sus necedades.

El PRI clama desde las alturas, no se percata de su baja popularidad y sigue en descenso porque no tiene políticos sabios, audaces, sigue con reglas obsoletas. El PAN es el peor, sus pugnas internas son pedestres, elementales y, como los demás, sus militantes quieren dinero y poder. Para qué hablar de un PRD que de sobra conocemos la ausencia de valores, de decencia, de dignidad. Los demás son clones pequeños. Basura.

Por semanas, eternas, soportaremos mentiras, calumnias e insultos, veremos a diez partidos mentir con total desfachatez. Los resultados, ¿también serán inéditos? Veremos a los triunfadores repartirse el botín, acomodar a sus familiares y buscar dinero para la campaña presidencial. Con algún rigor, las campañas se han convertido en una vulgar rutina, supervisada por una costosa burocracia electoral que poco o nada hace por enmendar el rumbo. Los más audaces dentro del tortuoso juego electoral, como los dirigentes de Morena, saben cómo patear bien el balón cuadrado y seguirán haciéndose víctimas al tiempo de que dicen aberraciones y hacen tonterías, seguros como están de que el gobierno en su conjunto les tiene no miedo, sino terror.

 

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