CIENCIA
A pesar de sus riesgos
René Anaya
Todavía hasta hace unos pocos años, un producto de la literatura de ficción científica, el cyborg (acrónimo inglés de cyber: cibernético y organism: organismo, es decir: organismo cibernético) era un sueño o una pesadilla, como el Terminator de James Cameron, interpretado por Arnold Schwarzenegger, pero ahora empieza a convertirse en realidad, no el Terminator, sino el ser humano modificado.
Cada día aumenta el número de personas que investiga la forma de mejorar las capacidades del organismo mediante implantes tecnológicos. Esas personas son los biohackers, que no tienen nada que ver con los temidos hackers ya conocidos, por el contrario pretenden que los avances tecnológicos estén al alcance de todos, por eso también se les llama biólogos caseros.
Chips implantables
Probablemente uno de los primeros chips que mejoraron el funcionamiento humano fue el de los modernos marcapasos con computadora incluida, que monitorean a distancia el ritmo cardiaco, lo que permite hacer diagnósticos e iniciar terapias de forma más rápida y efectiva, antes que el paciente llegue al hospital.
En años más recientes, se ha ensayado el uso de bombas de insulina computarizadas que suministran la insulina a los diabéticos, según el nivel de glucosa que registre un dispositivo conectado a la bomba, la cual calcula la dosis de insulina recomendada.
El problema con estos dos chips, que tienen una comunicación con el exterior, es que pueden ser intervenidos por hackers, como lo demostró en 2006 el experto informático de la Universidad de Massachusetts, Kevin Fu, quien señaló que se podía acceder a la información de un marcapaso y provocar una descarga mortal, mediante una red inalámbrica.
Así, las ventajas de esos chips también son un riesgo, por lo que los expertos en informática buscan la manera de equilibrar estos dispositivos para que sean seguros, pero también de rápido acceso, ya que un marcapaso muy protegido o blindado podría impedir que los médicos intervinieran a tiempo y, a la inversa, uno muy fácil de acceder podría dejar vía libre a los hackers.
En tanto se encuentra el justo medio, los biohackers están probando otros chips que no tienen comunicación externa, como los de la internet de las cosas, pero que puedan ser implantados en el cuerpo. Por ejemplo, el implantado en la mano derecha de Hannes Sjöblad, miembro de BioNfyken, una comunidad sueca de biohackers, le permite abrir la cerradura de la puerta de su oficina y prender su computadora.
Los primeros cyborgs
Estos avances tecnológicos y biomédicos han logrado crear a los primeros cyborgs. Tal vez el primero y más controvertido sea el inglés Kevin Warwick, quien en 2002 durante tres meses se implantó cien electrodos en el nervio mediano del antebrazo para unir su sistema nervioso con una computadora.
Después de ese experimento, que consistió en controlar desde Nueva York una mano en el Reino Unido, conectando directamente su sistema nervioso a la internet, señaló “el cuerpo no es sólo esto, lo que ves ahora, sino cualquier cosa que pueda conectarte mediante cables. Es un concepto muy diferente. Es como ser un superman, en cierta manera“.
De esos experimentos un tanto recreativos, se ha pasado a otros que significan una mejora para personas con algunas alteraciones. Neil Harbison, quien solo puede ver en blanco y negro, se convirtió en el primer cyborg reconocido como tal oficialmente por un gobierno, el de Reino Unido, ya que tiene un ojo biónico que transforma los colores en sonidos en su cerebro.
Otra de las áreas donde se han probado los chips es en las empresas. La compañía sueca Epicenter ha implantado un pequeño chip subcutáneo para permitir a sus empleados la entrada a sus instalaciones; se trata de un dispositivo del tamaño de un grano de arroz colocado bajo la piel, entre el índice y el pulgar.
Por su parte, la empresa BioNfyken, en colaboración con la compañía de seguridad informática Kaspersky, investiga los riesgos de la utilización de estos chips implantables, que podrían contener información sobre cuentas bancarias, historiales médicos y contraseñas para entrar a edificios y vehículos. Esos chips podrían ser hackeados, por lo que “si alguien hace una copia de un chip y se lo implanta, podría convertirse en una especie de doble de esa persona”, ha advertido Sjöblad.
A pesar de esos riesgos, Hannes Sjöblad considera que el “despegue de esta tecnología es importante para la historia, similar a los lanzamientos del primer escritorio de Windows o la primera pantalla táctil. La identificación con el tacto es natural para los seres humanos, el código PIN y las contraseñas no lo son”.
Así que entre biohackers y cyborgs surgen avances tecnológicos que podrán mejorar nuestras capacidades y las de las generaciones futuras.
reneanaya2000@gmail.com
f/René Anaya Periodista Científico
