Conflicto internacional torpe e innecesario
Raúl Jiménez Vázquez
Sun Tzu, guerrero y filósofo de origen chino, escribió en el siglo V antes de Cristo El arte de la guerra, libro que ha rebasado los confines de la milicia y que hoy es un texto de lectura obligada en los ámbitos de la ciencia jurídica, la ciencia política, la teoría del Estado, la sociología, la administración de negocios, la técnica de los escenarios prospectivos y, en general, en todos los campos de la actividad humana en los que es menester trabajar con la categoría superior del pensamiento estratégico.
Las lecciones provenientes de este milenario texto son en extremo valiosas. Una de ellas, acaso la más provechosa, dicta que las batallas sólo deben ser emprendidas cuando se tiene la certeza plena de la victoria y para ello es preciso comparar previamente la fuerza del oponente con la propia.
De haber abrevado en la sabiduría milenaria de Sun Tzu, la cancillería mexicana jamás le habría declarado la guerra al Relator Especial de la ONU para la Tortura, pues se trataba de una confrontación condenada al más estrepitoso de los fracasos, entre otras razones, porque la afirmación de que la tortura es una práctica generalizada, vertida en el informe resultante de su visita a México no fue fruto del arte de birlibirloque, sino que fue extraída directamente de la trágica experiencia que aún impera en innumerables áreas policiales, ministeriales y militares.
Remontar ese señalamiento se antoja muy, pero muy cuesta arriba, más aún porque, según fue puesto de relieve en la carta enviada por el ilustre personaje en respuesta al ataque desplegado en su contra, representantes del gobierno mexicano lo presionaron para que minimizara o tamizara su percepción, lo que sin lugar a dudas erosionó la autoridad moral que se requiere a fin de abrir una confrontación de este calibre con un representante del máximo órgano político de la humanidad.
Lejos de arredrarse, el experto de las Naciones Unidas refrendó el corolario incómodo y asimismo aseveró que está plenamente corroborado con las conclusiones plasmadas en el Programa Nacional de Derechos Humanos 2014-2018, en el informe difundido en 2013 por el Comité contra la Tortura y en diversos documentos emitidos por la CNDH.
Haber embarcado al Estado mexicano en un conflicto internacional a todas luces torpe e innecesario fue una muestra de irresponsabilidad, ceguera mental y resistencia a hacer contacto con la realidad; un magno y reprochable equívoco que no se desvanece con el hecho de haber dado por terminado el diferendo en forma discursiva, “de dientes para afuera”.
Haber lanzado disparos contra el mensajero de ninguna manera implica la inexistencia del mensaje. Por ello, lo obligado es allanarse a las observaciones del relator, proceder a su implementación y extenderle la invitación para que posteriormente lleve a cabo una visita de seguimiento y constate que nuestras autoridades sí entienden que entienden y están dispuestas a cumplir el mandato constitucional de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos.
