Charla con Adriana González Mateos/Autora de Otra máscara de Esperanza

 

Eve Gil

Otra máscara de Esperanza, es la segunda novela de Adriana González Mateos, quien hace casi un año debutó en este género con El lenguaje de las orquídeas, historia bellamente narrada sobre una relación incestuosa que no permitió a sus lectores olvidar a la autora a través de casi diez años.

Con esta nueva obra, Adriana no solo no defraudará a quienes quedaron fascinados con su arte narrativo, sino que conquistará a los amantes de las intrigas políticas, los thrillers y las novelas en contexto histórico.

Esperanza, la del título, fue una mujer real, dolorosamente real, y bien podríamos referirnos a ella como “la hermana incómoda” de quien llegaría a ser presidente de la república, Adolfo López Mateos, quien gobernó de 1958 a 1964, y viviera de 1910 a 1969.

Empecemos por aclarar que no es coincidencia que la autora comparta su apellido materno con el de su heroína.

Intuición e imaginación

“Mi abuelo era primo suyo y de Adolfo López Mateos —señala la también autora de Cuentos para ciclistas y jinetes, Premio Gilberto Owen 1995—. Mi abuela siempre la recordó con mucho cariño y conservó hasta su muerte una fotografía donde Esperanza aparece sonriente, a la moda de los años cuarenta. Aunque yo nunca la conocí, siempre le he tenido cariño, pues es parte de mis recuerdos infantiles”.

“Muchos años más tarde, en una conversación con un amigo, surgió este recuerdo que era muy vago. Él me habló de la huelga de Nueva Rosita y del papel que desempeñó Esperanza. Me fui dando cuenta de que necesitaba reconstruir la vida de una mujer que no había querido permanecer en el ámbito doméstico, sino que probablemente se había hecho las mismas preguntas, y enfrentado dilemas parecidos a los nuestros. Esta conciencia de tener antepasadas aguerridas, inteligentes y creativas sirve para fortalecer a muchas mujeres que enfrentamos nuestros propios conflictos”.

Por increíble que parezca, Adriana se vio obligada a explotar al máximo su intuición e imaginación, ante la ausencia de información fidedigna sobre Esperanza López Mateos:

“Para ponerte un ejemplo, en una de las biografías de Adolfo encontré una foto donde él aparece al lado de Esperanza y otras personas, pero el nombre de ella no se menciona al pie de foto. Como ella no tuvo hijos, ni yo tampoco, me gusta imaginar una genealogía de mujeres que no están unidas por lazos de sangre, sino por inquietudes, ideales, valores comunes. Y en esta reconstrucción fue muy importante para mí encontrar que Esperanza había tenido una gran libertad amorosa, que me pareció muy ligada a las ideas anarquistas: como tú sabes, ésa era la filiación política de B. Traven (el otro protagonista), y la crítica anarquista al matrimonio y a la moralidad convencional es muy afín a posiciones feministas contemporáneas”.

Contexto

Otra máscara de Esperanza reúne elementos de distintos géneros literarios —explica la autora—. Es una novela situada en 1951, al final del sexenio de Miguel Alemán, y la mayoría de sus personajes existió realmente. Procura recuperar la historia y el ambiente de ese momento. Por eso se asoma al mundo del cine, cuyos personajes acuden al velorio del Esperanza para dar el pésame a su cuñado, el camarógrafo Gabriel Figueroa; recuerda la huelga de los mineros de Nueva Rosita y la llegada de exiliados que huyen de las guerras europeas para refugiarse en México; imagina los pensamientos de Adolfo López Mateos (el joven senador “Fito”) en vísperas del destape de Ruiz Cortines, que lo haría secretario del Trabajo”.

Pero entre todas estas presencias destacadas de la historia relativamente reciente de un México que va perdiendo la inocencia a jirones, destaca la de una misteriosa leyenda literaria: B. Traven, de quien Esperanza era traductora (o eso se presume) y muere misteriosamente, el mismo día en que ella sorprende a todos con un inesperado —y sospechoso—suicidio.

Pero si el personaje de Esperanza es un galimatías, no menos misterioso es B. Traven, parte esencial de ella.

“Nadie sabe con total certeza —dice Adriana— ni dónde nació ni cuál fue el nombre que le pusieron al nacer. Una hipótesis da origen a otras. Se puede decir que se dedicó a desmontar las versiones oficiales. Esta rebelión suya contra el corset de la identidad personal es para mí una inspiración y un ejemplo, además de ser el centro del que surge esta novela: las muchas máscaras de Esperanza a las que alude el título dialogan con las que usó él; tal vez en algunos momentos escritor y traductora fueron la misma persona”.

“Además de enseñarme la foto —prosigue—, mi abuela me contó que Esperanza había traducido a Traven, pero sólo mucho tiempo después empecé a leer esas novelas que se proponen dar cuenta de una revolución y consiguen narrarla desde un punto de vista muy distinto al de la mayoría de los novelistas que en esos años abordaban el mismo tema. Traven escribe desde el punto de vista de los colgados: los que decidieron rebelarse porque habían sufrido torturas y abusos, tuvieron que aprender formas eficaces de lucha y supieron que su rebelión era justa”.

 

El ejemplo de Traven

Por supuesto, Adriana leyó toda la obra de Traven, incluso reconoce que se dejó influenciar un poco por su estilo, pero también por sus preocupaciones existenciales, todo eso sin contar su recreación definida y más que verosímil de las voces de personajes centrales para entender la época, Gabriel Figueroa y Salvador Novo, entre otros.

“Trato de seguir el ejemplo de Traven, leído a través de Borges: narrar es descubrir que «yo» no soy nadie, es decir, podría ser cualquiera, podría ser Salvador Novo. Lo he leído muchísimo; La estatua de sal y sus crónicas son libros imprescindibles, así como el Novo que vive en la tradición oral de la ciudad de México, y desde luego en los trabajos de Carlos Monsiváis”.

Le digo a Adriana que Esperanza pudo haber sido un personaje de Elena Garro: una rubia misteriosa, impenetrable, en perpetua huída… sospechosa de ser cualquier cosa, pero sobretodo, espía.

“No nos cuesta nada imaginar —concluye— que los vínculos de Elena Garro con las luchas campesinas de Morelos hubieran podido acercarla a una activista varios años mayor que ella, con mucha experiencia y muchos contactos, como hubiera sido Esperanza si hubiera sobrevivido”.

Adriana González Mateos, profesora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, nació en el Distrito Federal en 1961, y Otra máscara de Esperanza está publicada por Océano, 2014.