Ante el caduco López Obrador y el desprestigiado Ebrard
Yazmín Alessandrini
Históricamente, pero más en tiempos recientes, en México la izquierda se ha caracterizado por malentender una serie de conceptos elementales en la democracia que le han hecho caer en innumerables y ridículos excesos.
Desde los enfermizos protagonismos de personajes como Cuauhtémoc Cárdenas, Andrés Manuel López Obrador y Marcelo Ebrard (¡oh, ironía!, los tres expriistas) hasta los tibios esbozos de una muy considerable cantidad de partidos surgidos por aquí y por allá (algunos, por cierto, ya ni existen, una ironía más) que más que contrapesos políticos más bien semejan rémoras hambrientas que elección tras elección sólo buscan conservar su registro para seguir succionando del presupuesto.
Si bien es cierto que desde la derecha o desde el partido en el poder los embates de esta resquebrajadísima izquierda (a alguien se le ocurrió el eufemismo de nombrarlas “izquierdas”) suelen provocarles cosquillas y risas más que otra cosa, es muy importante que, a unas cuantas semanas de las llamadas elecciones intermedias, las figuras preponderantes de la oposición levanten la mano y enseñen abiertamente su posición desde su respectiva trinchera.
Por lo mismo, sin estar afiliado a partido político alguno, Miguel Ángel Mancera Espinosa, jefe de Gobierno del Distrito Federal, es, hoy, el activo más importante con el que cuenta la izquierda mexicana, sobre todo la zurda que representa el PRD, cuyo líder nacional, el guanajuatense Carlos Navarrete Ruiz, muy inteligentemente le acomodó hace unos días un descontón a las jaurías pejistas y ebradistas señalando al titular del GDF como una “opción natural” del pe-erre-dé para la elección a presidente de la república de 2018.
¿Prematuro en su comentario? Sí. ¿Precipitado en su percepción? Sí, también. ¿Exagerado en su designación? ¡En absoluto! Navarrete Ruiz, pese a las críticas que le han tundido en los meses recientes (muy justificadas casi todas, por cierto) y a que no termina por dar el do de pecho como líder nacional del partido del sol azteca, es un político de mucho colmillo y si no, tan sólo vean cómo alborotó el avispero izquierdista con su declaración.
Por su parte, inteligente y mesurado Mancera salió al paso de los ardidos comentarios de sus rivales con mucha clase: “yo soy el jefe de Gobierno nada más, yo no estoy en contienda política ni estoy formando parte de esta contienda que se desarrolla ahora. Les deseo mucha suerte a todos los que están participando, a los candidatos, a las candidatas”. Bofetada con cuante blanco y vámonos a lo que sigue…
Seamos sinceros, ante un eventual escenario en el que la izquierda mexicana tenga que decidir entre un “candidato de unidad” (cosa que veo muy complicada que ocurra), Mancera lleva todas las de ganar frente a un caduco López Obrador y un desprestigiado Ebrard.
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