Cancha electoral 2015

Teodoro Barajas Rodríguez

A partir del domingo anterior, todo se contagia del tema electoral, escaramuzas, campañas con el inequívoco virus de la descalificación comienzan a rodar como un gran balón en la cancha en la que abundan los jugadores, parece ser que el juego consiste en todos contra todos.

Pese a tantos capítulos penosos no desprovistos de injusticia e impunidad, algo rescatable es que no se ha perdido la capacidad de indignación, tampoco debe perderse la de asombro, esto implica que el trabajo proselitista esté a la altura de las circunstancias.

Michoacán tiene características especiales por todo lo sucedido en los años anteriores, por ello no sería conveniente que quienes aspiran a encabezar el Poder Ejecutivo se dediquen a la descalificación fácil como inútil, al contrario, es momento de apelar a su auténtica capacidad demócrata, a la voluntad política y escuchar los cómos para desplegar un quehacer benéfico para el interés común.

Un dato para calibrar consiste en descartar la soberbia como vehículo porque la historia mundial nos comparte tantos ejemplos acerca de los resultados trágicos que propicia el exceso de confianza, quienes son aparentes vencedores al final han sido derrotados porque pensaron que los “astros” conspiraban a su favor. Detrás de una actitud de tal naturaleza les llegó el cataclismo.

Una gran mayoría de los michoacanos aspiran a campañas en las que se distingan fácilmente las propuestas, el abordaje de los grandes temas de un modo claro, tangible y que excluya la demagogia, lo cual resulta complicado porque muchas de las veces el discurso para ser ser la calca de todos, con algunos matices, las ideologías no se demuestran porque el pragmatismo las desdibujó.

Tópicos como la inseguridad pública, la generación de empleos, la inversión productiva, educación y cultura, transparencia, rendición de cuentas son algunos de los pendientes que requieren de un tratamiento serio. Si se habla de construcción de políticas públicas se entenderá que ya se tiene el análisis, diagnóstico y receta para enderezar las cosas que registran rezagos, las que representan serias dificultades.

Desde hace rato se habla de encuestas, cada partido maneja las propias, cada cual hace sus cuentas alegres, sólo que el dato único y esperamos incontrovertible será hasta el día de los comicios. No se puede eludir que el desencanto respecto a los partidos políticos es evidente porque se lo han ganado, en una sociedad que está bajo la lupa de los nuevos modelos de comunicación resulta lógico el reproche.

Realmente deseamos que la civilidad, el apego a la norma y la vocación democrática de los contendientes sean las divisas que al aplicarse sirvan a nuestra entidad tan necesitada de una suma de inteligencia, desarrollo, esfuerzo sostenido y, sobre todo, justicia. Nada más pero nada menos.

A nivel nacional se probará si el desencanto electoral creció, o si los ciudadanos, una gran mayoría sin partido, emitirán un juicio lapidario en las urnas o si el boicot registra resultados, lo único cierto es que la incertidumbre hace su propio juego.