Necesitamos nuevas soluciones
Alfredo Ríos Camarena
Las vicisitudes que provocan en el mundo las variables en los precios de los energéticos producen cambios en la economía mundial que tienen efectos de diversa índole en los países productores y en los consumidores.
La fuerte baja de los precios del petróleo de los últimos meses se puede atribuir a una política que el presidente norteamericano Barack Obama emprendió en contra de Rusia, después de los acontecimientos de la península de Crimea en Ucrania; el propio Obama lo subrayó claramente en su último informe.
Estados Unidos se convirtió en un país exportador de petroleo modificando la relación de la oferta y la demanda, pero no sólo afectó a Rusia sino también a países productores de petróleo como México; y por otro lado, la OPEP ha perdido la capacidad de controlar los precios frente a las políticas que Arabia Saudita maneja.
Actualmente surge un nuevo problema que puede afectar —aún más— la baja de los precios, se trata de la relación que las principales potencias mantienen con Irán, que hasta ahora —por razones de castigo a su política de desarrollo nuclear— no ha podido ingresar en el mercado con sus yacimientos e instalaciones listas, de tal suerte que si se quitaran esas limitaciones, ingresaría nuevamente cuando menos con un millón de barriles diarios más, lo que pudiera distorsionar otra vez los precios a la baja.
En México la cobertura de seguro —que aun cuando no cubre toda la producción— será suficiente para no crear una crisis mayor, aunque ha resultado seriamente afectada la política que el gobierno había propuesto al plantear la reforma energética; se nos dijo que esta visión estratégica del desarrollo petrolero permitiría obtener mayores inversiones en la exploración de aguas ultra profundas y en tecnologías como la antiambientalista fracking. Sin embargo, lo que se está planteando en la Ronda .5 y en la Ronda Uno es celebrar contratos sobre explotación en aguas someras, donde sí existe la plena seguridad de la explotación petrolera, reduciendo con ello el riesgo y el costo de extracción de las empresas extranjeras, lo que significa que los fines propuestos de alta tecnología e inversión multimillonaria no se lograrán, cuando menos en los próximos años.
Nuestro país también ha sido afectado en el presupuesto ahora con un recorte de 135 mil millones de pesos más para 2016, lo que evidentemente no nos permitirá acelerar el crecimiento. Para complementar nuestro desarrollo requerimos de mayor inversión pública que oriente y empuje la inversión privada, pero con los recortes anunciados esto será imposible, y en consecuencia la tasa de crecimiento no aumentará, pues éste —el crecimiento— sólo responde a una variable, la productividad, es decir, la suma de la producción de bienes y servicios durante un periodo determinado nos da como resultado el producto interno bruto y éste no podrá crecer si no existe mayor inversión y producción.
El porvenir no es optimista, pero la conducción ha sido responsable y previsora para mantener el equilibrio macroeconómico.
Las fuentes del dinero público son el ingreso fiscal, la deuda externa y la emisión de moneda (esta última imposible de realizar bajo las políticas actuales del Banco de México), por lo tanto, si queremos crecer tenemos dos alternativas, nos endeudamos o cobramos más impuestos, aunque ambas se ven mal todavía existen capitales de miles de millones de pesos que no pagan lo que deberían.
Estamos en la encrucijada en que necesitamos encontrar nuevas soluciones económicas hacia el futuro, mientras tanto el petróleo seguirá siendo signo vital de nuestro tiempo.
