Eve Gil
La Caja de Cerillos es una de las editoriales mexicanas más innovadoras en los últimos años. Pronto realizaré una entrevista con sus creativos —Andrea Fuentes y Alejandro Cruz— respecto a la elección de estos formatos tan singulares, que además de visualmente atractivos resultan prácticos y cómodos para su lectura. Por el momento me concentro en uno de sus títulos más recientes, Simple perversión oral, de Margo Glantz.
A simple vista, parece un libro para niños. Digamos que no es exclusivamente un libro para niños; que el formato no es del todo engañoso pues se trata de un relato que muy bien podría leérsele a chiquillos a quienes les asusta el dentista… terror, supongo, que no se supera en la edad adulta. Margo lo dedica a sus nietos, “para que aprendan a cuidar sus dientes”, pero empezamos a leer. Oh sorpresa: recurre al alter ego de sus novelas más que adultas, Nora García, música de profesión —detalle que la autora parece omitir en el libro que nos ocupa, pues alude a los libros que Nora, y no ella, escribió—; viuda de un hombre que la engañó en vida; viajera, filósofa, activa diletante, según se nos presenta en espléndidas novelas como El rastro, Zona de derrumbe o Historia de la mujer que caminaba con zapatos de diseñador. En Nora García convergen muchas miradas, dicho por la propia Margo, quien como su entrañable personaje camina por la vida con zapatos que en sí mismos son una pieza artística y reaparecen en Simple fijación oral, para solaz de la paciente maniatada a un sillón reclinable: la mirada de la viajera, de la visitante de museos, de la que escucha conciertos (sí, la visualización de la música)…. la mirada desde los personajes literarios que han quedado tatuados en su memoria y en su pecho. Sólo un personaje de las características de Nora García es capaz de transformar una fastidiosa visita al dentista —que incluye la espera y los preparativos previos— en otra visita al museo; en una revisitación a los libros que la han marcado como persona y como artista; en un viaje introspectivo que deja entrever flashazos de las novelas protagonizadas por la propia Nora. Naturalmente, el contenido no traiciona al título: junto con Nora García, protagonizan esta pequeña historia los dientes de Nora, la más reciente obsesión vital de Margo quien, durante la última entrevista que le hice a propósito de otro de sus libros inclasificables, Yo también me acuerdo (Sexto Piso, México, 2014), aludió con frecuencia a sus dientes, incluso mencionó estar preparando un libro al respecto, lo que me hizo recordar otro escrito suyo que transcurre durante una mamografía de rutina. Por aquel entonces acababa de aparecer, también en Sexto Piso, la segunda novela de Valeria Luiselli, Historia de mis dientes, protagonizada no por el personaje central, sino por sus piezas dentales. No podía ser otra, por tanto, quien prologara este singular libro. Señala Luiselli: “Me gustan las historias de dientes porque son las que nadie cuenta nunca. Confesar la decadencia de nuestros dientes es confesar que la muerte nos tiene ya un poco de su lado de la raya, es exponer al mundo nuestra relativa podredumbre, nuestros malos olores, nuestra más radical normalidad”.
Aquí está la clave para abordar a Nora García, quien deja de presentarse como esa mujer para quien la sensualidad va de mano de la inteligencia y se nos expone en una circunstancia vulnerable que evidencia lo que se señala Luiselli. El único acompañante de Nora es un libro que Margo señala como básico para su propia dieta literaria: Esto no es una novela, de David Markson, el cual —by-the-way– es perfecto para esas esperas prolongadas y tensas, donde los minutos se estiran como chicle. Literatura dentro de la literatura. Conocido inicialmente como autor de novelas policiacas, Markson ha adquirido notoriedad entre lectores diversos con sus, llamémosle, ensayos aforísticos, donde expone, a través de breves párrafos, aspectos de la vida y obra de artistas de toda laya. Cosa curiosa: los problemas dentales forman parte de este recuento, y Nora no puede evitar maravillarse al descubrir que, por ejemplo, Pascal tenía los dientes podridos. A través de la lectura, la imaginación, los recuerdos que la literatura desencadena, el tortuoso paso por el consultorio del dentista se transforma en una intensa aventura intelectual, tan digna de contarse como los viajes, la experiencia artística, el vuelo del tango o los roces sensuales. Se permite incluso digresiones político-sociales: Esta es una de esas veces que agradece no haber sido musulmana. La mayoría tendrán que tolerar en silencio los dolores de muelas ante la prohibición de visitar al médico.
Por si no bastara el hermoso texto de Margo Glantz, están las ilustraciones de Carmen Segovia (Barcelona, 1978), quien le otorga un rostro a Nora García. Un rostro singular, de ojos rasgados y profundas ojeras, quizás a consecuencia de la falta de sueño ante la amenaza latente de confrontar al dentista. Una Nora García madura y elegante, que avanza segura en sus pequeños tacones y el libro bajo el brazo. En conjunto, se trata de un libro atesorable, que amerita variadas relecturas y, ¿por qué no?, acompañarnos cuando surja la necesidad de la impostergable visita al dentista.
