7 de junio: elecciones intermedias

 

 

René Avilés Fabila

Desde hace varios meses, las elecciones intermedias, poco atractivas, en la que no hay aspirantes presidenciales, se han convertido en una suerte de ensayo general para las siguientes en que sí se contenderá por la Presidencia y en la que ya hay un candidato muy anticipado: Andrés Manuel López Obrador.

El 7 de junio tendremos la elección más compleja de la historia nacional, nos anticipan los medios. Para empezar, se llevarán a cabo en medio de una agitación sorprendente: no pasa un día sin que haya manifestaciones, mítines, desplegados y artículos donde no se toque el tema. Para colmo, hay fuertes opositores a que haya elecciones en Oaxaca y en Guerrero, lo que no significa que sean los únicos estados con serios conflictos. Son dos estados ingobernables, en donde el fracaso de los partidos políticos es más evidente.

Estarán en juego 2 mil 179 puestos de representación popular y el costo es superior a los 20 mil millones de pesos, una fortuna escandalosa sobre todo tomando el estado del país y sobre todo de sus partidos políticos.

En poco tiempo, anticipadamente, probando que el INE es pura figura decorativa, diez partidos políticos gastarán fortunas para tratar de ganar posiciones y llegar lo más fuerte posible a las presidenciales de 2018.  No hay, desde luego, INE que valga. Sus titulares se desgañitan solicitando orden, respeto, no arrancar antes, permitir que haya procesos electorales en todo el país, no gastar de más, respetar a los rivales, bueno, un sinfín de peticiones que nadie escucha: desde hace buen tiempo, todos están en abiertas tareas electorales. Claro, unos más que otros.

Los simples mortales seremos las víctimas. Tendremos que escuchar miles de los 13 millones de spots donde los políticos nos darán mensajes simplistas y desde luego falsos. Es un torneo de mentiras y de calumnias. Nadie obedece, todos hacen lo que les viene en gana, pero eso sí, todos los funcionarios y en general los dirigentes del país, tienen excelentes respuestas para desobedecer las disposiciones oficiales. El INE es una buena área de trabajos bien pagados. Nada más. Como nunca, el país está agitado y nadie es obedecido. Realmente México cumple con muchas de las características de Estado fallido.

Los resultados de un proceso al que tantos están llamando a participar para que haya mayor equilibrio político dirán hacia dónde va el país. Piensan que si los votantes acuden en masa a las urnas, habrá al menos una más amplia repartición del poder. Afirman que el PRI, por ejemplo, será menos dueño del país y que el PRD dejará de ser el corrupto explotador del DF. Los partidos pequeños o morralla, como prefieren decirle algunos, desaparecerán o crecerán, casi sin términos medios.

No tendremos que esperar demasiado para saber qué ocurrirá. Pero sí sabemos que en el DF perderá de nuevo el PRI y que aparecen nuevos partidos para dilapidar el dinero ciudadano (vaya que cuesta la democracia nacional) y López Obrador hará las más desfachatadas declaraciones anticorrupción, siempre rodeado por algunos de los políticos más turbios que ha dado el siglo XX. Por ello, sí serán, como dicen los periodistas que aman el lugar común: inéditas.

 

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