La infraestructura germana no sólo fue un factor de imposición por parte de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, sino que se convirtió en un pilar de su fuerza durante la Guerra Fría.
Gerardo Yong
Se ha creído que Alemania quedó totalmente devastada al término de la Segunda Guerra Mundial. Esto ha sido un concepto erróneo que ha prevalecido hasta la fecha En realidad, la afectación sufrida por Alemania al término de la contienda estuvo más focalizada hacia los sectores civiles y urbanos, no tanto a las fábricas y la industria en general, la cual sólo resultó destruida en una tercera parte. Ciertamente, la base de una economía de guerra es la industria, sobre todo la industria pesada, que es la encargada de proveer materiales que sirven para fabricar armamentos y otros recursos tecnológicos bélicos.
No se está seguro de qué pudo haber pasado, pero todo parece apuntar a dos opciones: o los Aliados tuvieron consideración de una Alemania que a partir de 1943 mostraba signos inequívocos de derrota y era necesario dejarle una parte productiva con la que pudiera no sólo levantarse económicamente, sino pagar las indemnizaciones de guerra o las fuerzas germanas lograron un éxito al contrarrestar los ataques y bombardeos contra sus puntos industriales más importantes y salvaguardar lo más posible su poderío industrial.
“Cuando Alemania, el país que ocasionó la Segunda Guerra Mundial, declaró su capitulación el 8 de mayo de 1945, el país quedó en grandes partes destrozado, sobre todo, las áreas urbanas de las grandes ciudades como Hamburgo, Colonia, Berlín y el sur de Alemania, que fueron destruidas por los bombardeos aliados. La capacidad industrial también tuvo secuelas de los seis años que dejó la guerra”, afirmó Johannes Hauser, presidente de la Cámara Mexicano Alemana de Comercio e Industria. “Esta capitulación a los Aliados también trajo consigo una responsabilidad total por parte de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la URSS para permitir que Alemania siguiera adelante. Obviamente, como fuerzas ganadoras, tenían la intención de evitar el resurgimiento de una industria militar, lo que significaba que había que impedir que los remanentes de la infraestructura teutona se enfocaran nuevamente en actividades industriales que pudieran dirigirse contra otros países”.
Compromiso nacional
La reconstrucción del país en todos sus niveles tuvo básicamente un factor preponderante: el compromiso del pueblo alemán para seguir adelante, aprovechando recursos provenientes de sistemas de apoyo como el Plan Marshall, propuesto por el general George Marshall, que anunció fondos financieros para los países de Europa, y que incluyó también a Alemania. “Sin esa voluntad del pueblo, así como la capacidad industrial que existía, que eran como dos terceras partes, ayudaron a construir un país que ya en los años cincuenta confirmaba su despegue económico”, afirmó Hauser.
“Por supuesto que existían los temores de que una Alemania industrialmente fuerte pudiera ser nuevamente una amenaza para los países vecinos. Incluso existió un plan del ex secretario de Hacienda de Estados Unidos, Hans Morgenthau, que propuso convertir a Alemania en un país agrario, es decir, desindustrializar por completo al país con la finalidad de evitar cualquier actividad industrial en el futuro”, señaló el representante empresarial alemán. “Por curioso que parezca, Churchill se opuso a esta idea, al decir que no le gustaba la perspectiva de estar anclado a un cadáver, esto, al referirse a una Alemania que no pudiera funcionar. En la misma medida en que se agudizó el conflicto de la Guerra Fría, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia comprendieron que Alemania tenía que estar reindustrializada, aunque bajo ciertos controles, para poder subsistir, para reabsorber a más de seis millones de refugiados que habían escapado del área de influencia soviética a la parte occidental, más allá de los destrozos de la guerra, de la miseria que existía, para así darle a Alemania una segunda oportunidad en cuanto a crear un sistema democrático y económicamente estable”, concluyó.

