Ricardo Muñoz Munguía
Un importante transmisor del arte también está en la nostalgia, en el ocre de su presencia. Es, parece ser, en manos del artista, inevitable al momento de transmitirlo, de mudarlo al lienzo, como ocurre con la artista plástica Malinali Rodríguez Córdoba (Ciudad de México, 1971), quien elabora en sus cuadros “Aire de nostalgia”, término que le otorga a su labor creativa, como sello primordial de su obra, la que despliega en cada uno de sus cuadros, los que han sido elaborados a lo largo ya de un cuarto de siglo. Así, con el perfil que la artista le otorga a su obra, “Aire de nostalgia”, se ha expuesto su quehacer plástico colectivamente.
Rodríguez Córdoba desde su infancia mostró afinidad al dibujo artístico, lo que la llevó a tener varias solicitudes pero es hasta la preparatoria que descubre el óleo y su bondad en el manejo de la técnica (“me permite jugar, reinventar…”), la que es muy diferente a la acuarela pues “ahí no hay equivocación porque pincelada dada se queda…, el papel absorbe inmediatamente al toque de la pintura, no permite errores y menos al final de su elaboración”, y abunda sobre el manejo de otras técnicas que ocupa: “Con el carbón no requiero más que ligereza o intensidad, según el efecto que se le desee dar. Con la técnica dactilar es alucinante porque no sólo se juega y se reinventa sino que se da cierta intimidad con el cuadro, con sus texturas”.
Malinali Rodríguez Córdoba, de profesión abogada enfocada como ambientalista, en algunas de sus pinturas (a)parecen símbolos de lo que sería su profesión: la naturaleza. Cierto es que tal naturaleza aparece envuelta o sumida en la timidez del color, por llamarle de algún modo a los toques sepias en que las flores, los árboles, las aves…, insertan la figura viva, vida de la que se nutre la pintora para realzar y, a la vez, combinar vida y nostalgia, luz y color.
