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quote  El aceite de pescado omega-3, uno de los complementos dietéticos más consumidos en el mundo, ha resultado ineficaz, al igual que otros productos milagro.

 

Pesca infructuosa

 

 

René Anaya

Los aceites de pescado comenzaron a adquirir fama como efectivos para prevenir enfermedades cardiovasculares en la década de 1970, gracias al estudio The Composition of Food Consumed by Greenland Eskimos (La composición de los alimentos que consumen los esquimales de Groenlandia), realizado por los daneses Hans Olaf Bang y Jorn Dyeberg, publicado en 1976, en el que se presentaron índices muy bajos de enfermedades cardiovasculares entre los esquimales.

Sin embargo, no fue sino hasta la última década del siglo pasado que otros estudios parecieron confirmar que la dieta rica en pescado podría contribuir a prevenir problemas cardiacos y circulatorios. A partir de entonces aumentó el consumo del aceite de pescado, posteriores trabajos demostraron que la pesca de la panacea había sido infructuosa.

 

A mar revuelto…

Ante el mar de posibilidades de prevención de las enfermedades cardiovasculares, la mayoría de los científicos se mostraron cautos, pero los productores de aceites de pescado se embarcaron en una maravillosa oportunidad de incrementar sus ventas.

En poco tiempo se hicieron populares los ácidos grasos omega-3 (ácido eicosapentaenoico) y omega-6 (ácido docosahexaenoico), pues un trabajo italiano difundido en la década de 1990 indicaba que los pacientes sobrevivientes de un infarto, que eran tratados con un gramo diario de aceite de pescado, presentaban índices más bajos de mortalidad que quienes solamente tomaban vitamina E. Ese fue el momento en que cobraron fama y prestigio los dos aceites de pescado, especialmente el omega-3.

Los estudios epidemiológicos de fines del siglo pasado referían ciertos beneficios del omega 3-para prevenir problemas cardiovasculares, inclusive la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó tres tipos de medicamentos de aceite de pescado para reducir el nivel de triglicéridos en sangre.

De los primeros estudios que señalaban su eficacia para disminuir los triglicéridos en sangre, se pasó a considerarlo un “alimento para el cerebro”, pues se decía que ayudaba a combatir la depresión, ciertas psicosis, el Alzheimer, la dislexia, el trastorno de déficit de atención con hiperactividad y otras enfermedades relacionadas con la atención.

En poco tiempo el aceite de pescado se convirtió en otro producto milagro, pues se recomienda para glaucoma, dolores menstruales, diabetes, asma, obesidad, osteoporosis, psoriasis y otros padecimientos. Por esa razón, su consumo aumentó, aunque estudios recientes demuestran que ni siquiera previenen las enfermedades cardiovasculares.

 

Las propiedades de omega-3

En la última década se han publicado numerosos trabajos en revistas médicas de prestigio, en los cuales se encontró que el aceite de pescado no impide accidentes cardiovasculares en paciente con antecedentes de problemas cardiacos, colesterol elevado en sangre, hipertensión o diabetes tipo 2.

Uno de los estudios más completos fue “Association Between Omega-3 Fatty Acid Supplementation and Risk of Major Cardiovascular Disease Events”, publicado en : A Sistematic Review and Meta-analysis (Asociación entre los suplementos alimenticios con ácidos grasos Omega-3 y riesgo de eventos cardiovasculares importantes: Una revisión sistemática y metaanálisis), realizado por el investigador griego Evangelos C. Rizos y colaboradores, que se publicó en septiembre de 2012 en The Journal of the American Medical Association (JAMA).

En ese trabajo se analizaron 20 estudios en que se observó a 68 mil 680 pacientes en quienes se registraron 7 mil 44 muertes: 3 mil 993 por problemas cardiacos, mil 150 por muerte súbita, mil 837 por ataques al corazón y mil 490 por apoplejías. En esos casos se encontró que el consumo de omega-3 no reducía la mortalidad.

Los autores del trabajo concluyeron que el suplemento alimenticio omega-3 “no se asoció con un menor riesgo de mortalidad, muerte, muerte súbita, infarto de miocardio o accidente cerebrovascular”; además, consideraron que esos resultados “no justifican el uso de omega-3 como intervención estructurada en la práctica clínica diaria ni las pautas que recomiendan la administración diaria de omega-3”.

Por su parte, Andrew Grey, investigador de la Universidad de Auckland, Nueva Zelanda, coautor del estudio “Clinical Trial Evidence and Use of Fish Oil Supplements” (Pruebas de ensayos clínicos y el uso de suplementos de aceite de pescado), publicado en marzo de 2014 en JAMA, ha señalado que “las ventas [de aceite de pescado] están aumentando pese a la progresiva acumulación de ensayos en que no se demuestra ningún efecto del suplemento”.

Lamentablemente la publicidad y la falta de campañas de orientación médica de las autoridades contribuyen a aumentar el consumo de aceite de pescado como suplemento alimenticio, pese a que se ha probado su ineficacia. Lo grave es que este suplemento puede aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de próstata; asimismo, su consumo excesivo puede incrementar el riesgo de accidentes cerebrovasculares.

Lo recomendable es consumir pescados grasos (atún, salmón y trucha, entre otros) dos veces por semana para obtener, además de omega-3 y omega-6, otros nutrientes importantes para el organismo.

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico