México en el Mundo

GONZALO SÁNCHEZ DE TAGLE

Durante siglos, la forma en la que se desenvolvió Europa después de la Paz de Westfalia, se sustentó en un sistema articulado en los balances de poder. Estados Unidos, debido a su posición geográfica, basó su política exterior en un aislacionismo que se servía, sin participar, del sistema internacional europeo.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los ejes y equilibrios tradicionales en el planeta se modificaron. De tener un esquema asentado en el balance del poder en Europa, con Estados Unidos como observador distante, pasó a ser un arreglo en el que las adhesiones se hicieron por bloques, liderados por Estados Unidos y Rusia, bajo una dinámica de poderes confrontados, en un juego de suma cero.

Esa composición de poderes se reflejó en América Latina a través de dos escenas diferentes. Por un lado se crearon organismos de interacción política como la OEA, que tuvieron como fundamento original la defensa colectiva y la solución pacífica de controversias, a través de la suscripción del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (Tratado de Río de Janeiro) y el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas (Pacto de Bogotá).

Al término de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos buscó reafirmar su influencia en Latinoamérica a través de compromisos internacionales que vincularan a todo el continente en sus asuntos militares. No es gratuito que el primero de los Tratados citados refiriera que “las Altas partes contratantes convienen en que un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados americanos”. Se trató de la institucionalización normativa de la Doctrina Monroe.

Los intereses estadounidenses desde el punto de vista defensivo estarían asegurados, pero sobre todo, se daría fundamento a que en cualquier caso, bajo el tamiz del Derecho Internacional, tendría posibilidad de justificar acciones militares en cualquier país del continente, lo que nos lleva a la segunda de las consecuencias del cambio de la dinámica regional de la posguerra: la etapa intervencionista de Estados Unidos.

Destaca la intervención a Cuba en Playa Girona, en 1961 y, ante el fracaso, la expulsión de la Isla de la OEA en 1962, es decir, la negación política y jurídica de la Revolución Cubana. Guatemala (1960 y 1967-69), Panamá (1964 y 1989), República Dominicana (1965) y Haití (1994 y 2004) son eventos en donde Estados Unidos logró imponer sus intereses y mantener libre su zona de influencia de injerencias políticas ajenas. Además habría que agregar las operaciones militares encubiertas o no oficiales en la región, la imposición de líderes, dictadores, el patrocinio de movimientos armados y golpes de Estado.

La política internacional del siglo XX en el continente se explica a raíz del arreglo de poder de la posguerra. El intervencionismo de la Unión Americana encuentra su fundamento en el reacomodo de fuerzas globales que extrajeron a Estados Unidos de su aislacionismo global y modificaron la política de balance del poder en Europa, para transitar a una política esencial de dos ejes contrapuestos.

En el siglo XXI, los pesos y contrapesos de fuerzas internacionales han hecho que se instaure un sistema de equilibrios simétricos de poder a nivel global, con Rusia, China, Europa, Japón y Estados Unidos generando más que antes el desarrollo de intereses nacionales. La articulación de la política exterior ha vuelto a lo que en la Francia del Cardenal Richelieu se denominó la “razón de Estado” renovada, bajo los cánones de multipolaridad e interdependencia. En ello no sólo la influencia, sino la pretensión de incidencia de Estados Unidos en América Latina se han debilitado.

Los equilibrios han cambiado y nuevos actores buscan jugar un papel de influencia política y económica en Latinoamérica. Es decir, ya no está dentro de los intereses inmediatos de Estados Unidos influir y delimitar toda la vida política de la región, sino que el nuevo orden internacional lo limitan.

Coordinador General del  Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques, del Senado de la República

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