Uno de los últimos grandes padres fundadores del blues, el músico, cantante y compositor Riley Ben King mejor conocido como “B.B. King”, falleció a la edad de 89 años, en la Vegas.
El hombre que creó un nuevo lenguaje con la guitarra eléctrica, pieza esencial en la arquitectura de la música popular del siglo XX, a principios del mes de abril fue hospitalizado tras sufrir una deshidratación a causa de la diabetes tipo 2 que sufría desde hacía más de 20 años y volvió a ser hospitalizado hace sólo unos días.
King (Itta Bena, 16 de septiembre de 1925) nació en el seno de una familia pobre, en una diminuta cabaña de un pueblo de Misisipí, su primera experiencia musical llegó a los 12 años cuando formó parte de un grupo vocal de gospel y el predicador le enseñó sus primeros acordes con una guitarra, al tiempo que el niño recogía algodón en una granja de la ciudad de Lexington.
El músico también fue ampliamente considerado uno de los músicos de blues más influyentes de todos los tiempos, ganando el apodo de “el Rey del Blues” y el renombre de “uno de los tres reyes (kings) de la guitarra blues” junto a Albert King y Freddie King.
Según Edward M. Komara, King “introdujo un sofisticado estilo de solos basados en fluidas cuerdas de guitarra, dobladas y brillantes vibratos que influirían prácticamente a todos los guitarristas de blues eléctrico que le siguieron”.
Los Beatles le mencionaron en la canción “Dig it” (1970). Además, la revista Rolling Stone lo situó en el puesto seis de la lista de los 100 mejores guitarristas de todos los tiempos y figura en el puesto 17 de la lista “Top 50 Guitarists of All Time” elaborada por Gibson. King fue introducido en el Salón de la fama del Rock and Roll en 1987.
Con los años, King desarrolló un estilo de guitarra identificable de su obra musical, con elementos prestados de Blind Lemon Jefferson, T-Bone Walker y otros; y la fusión de géneros musicales como el blues, el jazz, el swing y el pop. Su guitarra eléctrica Gibson ES-335, apodada “Lucille”, también dio nombre a una línea de guitarras creada por la compañía en 1980. King fue reconocido por su prolífica audiencia, con un promedio de 250 o 300 conciertos anuales durante la década de 1970.
Según información de elpaís.com, de alguna forma, en las últimas dos décadas King quedó etiquetado como el gran embajador del blues clásico, de ese sonido primigenio que sonaba más real y absorbente que en ningún otro lado en aquellos hombres y mujeres que vivieron una época determinada.
Muchos fueron cayendo mientras él seguía tan incombustible como en sus años más jóvenes, aunque con los achaques de la edad: tenía problemas de vista y tenía que tocar sentado durante toda la actuación. Pero ahí estaba B. B. King, el Rey del blues y con el que todas las figuras musicales querían compartir escenario, bien fuera sus discípulos hasta Luciano Pavarotti. Ahí estaba un artista esencial para comprender el desarrollo de la música popular del siglo XX, el fascinante universo del blues original, nacido del mundo rural y electrificado a través de su Gibson hasta moldear un lenguaje impactante. Ahí estaba, en definitiva, B. B. King, memoria de un tiempo irrepetible, tal vez el último guitarrista que nos recordaba cómo empezó todo cuando queríamos hablar de blues.
Entre sus temas más conocidos figuran “Tree O clock Blues”, “The Thrill Is Gone” y “When Love Comes to Town”, una colaboración con los irlandeses de U2. Siempre con su inseparable guitarra Lucille, King ganó durante su carrera quince premios Grammy.
