Dejó secuelas

 

Teodoro Barajas Rodríguez

Michoacán ha vivido años de inseguridad, impunidad y horror por más que los diferentes niveles de gobierno pretendan minimizarlo; los actos consumados así lo revelan, negar la realidad equivale a una tomadura de pelo, incluso sería un dejo de insensibilidad.

El jueves 14 de mayo fue acribillado el candidato a la presidencia municipal de Yurécuaro y exdirigente de autodefensas de esa localidad michoacana, Enrique Hernández; el extinto aspirante contendía con el registro de Morena. Dicho acto ilícito ensombrece el panorama en los comicios que se efectuarán el 7 de junio, la violencia no se fue, ahora deja secuelas; el homicidio sigue impune.

Otro candidato fue asesinado en Guerrero, otros más han sido “levantados”, las sombras de la violencia no se desterraron, los costos se cobran en este momento.

En lo que concierne a las campañas electorales se puede decir que han deambulado entre lugares comunes, los aspirantes han sido morosos con los electores porque no destacan las propuestas más bien las promesas, imputaciones y señalamientos, no sólo en Michoacán sino por los cuatro puntos cardinales del país se distingue el desencanto. Las grietas de la partidocracia asoman por doquier.

Quienes desean una contienda de nivel se habrán de quedar esperando, más que un ejercicio reposado que deje ver mecanismos de políticas públicas claras, tenemos anuncios, más que proyectar propuestas realistas, escuchamos eslóganes y redundancias. Sobra pragmatismo y falta ideología.

Los escándalos impregnan esta edición electoral, las trampas contenidas en catálogos vetustos afloran, batallas campales, en el Distrito Federal un chapulín que fue perredista y es ahora priista, aspirante a jefe delegacional, arremetió con tremebundo cabezazo contra un funcionario del gobierno que encabeza Miguel Ángel Mancera, encubierto en su fuero y con cinismo pleno: “Soy Diputado ¿me puedes detener?” No obstante la carencia de vergüenza ante los hechos publicitados, no sucede nada, casi se diluyó la capacidad de asombro.

En Monterrey un debate entre aspirantes a la alcaldía casi termina en bronca por exabruptos de un tal Patricio Zambrano, en otros sitios la vulgaridad cobra cuerpo para acompañar mítines. Esos signos ominosos son parte de nuestra realidad, tan cruenta como descarnada.

Mientras eso sucede en diversas latitudes, en Michoacán se pide un freno a la violencia y a la evasión gubernamental, no se trata de magnificar hechos delictivos pero no se gana nada al pretender minimizarlos, la sociedad de la entidad no tiene una venda en los ojos, además, es la que mantiene a los servidores públicos. La desconfianza emana natural al hacer el recuento de los gobiernos que hemos padecido en los últimos tiempos.

Resta apelar a la conciencia ciudadana, a un ejercicio democrático, a la civilidad como divisa imprescindible o nos llegará la noche en hora prematura.