Charla con Agustín Ramos/Autor de Justicia mayor

 

 

Eve Gil

Escritor de muy amplios registros, autor de la novela emblemática sobre el llamado halconazo de 1971, Al cielo por asalto, considerada un moderno clásico de la literatura mexicana, Agustín Ramos ha navegado con fortuna de la novela testimonial, pasando por la ficción especulativa y, enfáticamente, la novela histórica.

Su más reciente obra, Justicia mayor, perpetúa su pasión por la novela virreinal, poblada de personajes tan verdaderos como los que brillan en la historia oficial, pero casi por completo desconocidos para la mayoría de los lectores.

En los archivos de Real del Monte

“De la historia conocemos lo que nos dejan conocer —explica el siempre sonriente escritor—, pero tampoco los historiadores conocen a Pedro José Leoz, y esto obedece a una dinámica de lucha cultural. La historia (no está hecha exclusivamente por los grandes nombres en primera plana, también por la gleba, las mujeres y otros curas que no fueron Miguel Hidalgo”.

Respecto a su protagonista, Pedro José de Leoz, mejor conocido como “el Justicia Mayor”, inquisidor, militar y aventurero, Ramos nos narra cómo dio con él:

“Estaba haciendo una investigación sobre un conflicto minero en el siglo XVIII, y en el archivo de historia de minería de Real del Monte, entre los pocos papeles que dejó un norteamericano aficionado a la historia, llamado Alan Probert, quedaron unos borradores, uno de ellos abandonado por inservible: era la carta de agradecimiento que Pedro José de Leoz le enviaba a Pedro Romero de Terreros, del que solo sabemos es nombre de una calle. En esa carta, Leoz le daba las gracias por su patrocinio, pero nunca se la envió. Le saqué copia y la dejé en reserva”.

“En el curso de esta misma investigación —prosigue—, encontré a personajes como José de Gálvez y otros que tuvieron que ver con el conflicto minero, de una u otra manera, y resulta que todos tenían o podían ser protagonistas, porque dentro de la historia desconocida resultan casi anónimos. Dentro de la misma historia invisible, más invisibilidad”.

 

Más que exotismo y trucos

Al perder rastro de estos personajes periféricos o secundarios, se pierde un gran trozo de la historia de México, y el Virreinato en un episodio folclórico o, como dice el autor, “turismo de aventura”.

“La cuestión —dice el autor— no es solo fijarse en esos personajes, sino en la visión de personajes doblemente tachados de la historia, porque al tacharlos también tachas a la historia. El Virreinato es algo más que exotismo y trucos baratos. Sigue resultando divertido, apasionado, absorbente, sobre todo porque no lo conocemos. Y tengo la certeza de que para conocerlo en todo su esplendor hay que abordarlo a través de la literatura. Si te llega por un canal academicista, me atrevería a afirmar que nunca lo conocerás realmente. Ni siquiera la literatura colonial tiene una imagen certera de ese maravilloso país que seguimos siendo, ¡porque seguimos siendo virreinales!”.

Respecto a su protagonista, al que dudosamente pudiera llamársele héroe, aunque no carece del idealismo y el arrebato que caracteriza a uno, Ramos dice:

“Pedro José de Leoz era un capataz de alcurnia, no otra cosa, con grado de militar, trayectoria de inquisidor, en efecto, aunque hay que aclarar que, para entonces, ya era un cargo light. De hecho hay mucho de mito en todo lo que rodea a la Santa Inquisición. Para entonces ya casi no quemaban a nadie y su persecución se centraba en los indígenas que, se supone, estaban exentos de la persecución religiosa. Sin embargo, al primero que condenan a morir quemado es a un cacique indígena de Texcoco. Lo cierto es que a los mexicanos nos cuesta buscar la realidad al margen de las enseñanzas oficiales y tendemos a idealizar o a colgarnos la visión de otros, y resulta que la Inquisición no era tan terrible. Las leyes eran como las de ahora: convenencieras para joderse a quien quisieran”.

“Leoz es el hombre trágico de la historia, el que se comporta de acuerdo con todas sus convicciones. No quiero ser hollywoodense, pero no tiene la suerte que se merecía dentro del ámbito de los opresores. Quizá, más que hablar de protagonistas, se podría hablar de gente a la que las situaciones los ponen en contra”.

Mis planes, un cuento histórico

Ramos, que es un hombre bastante sencillo y cordial, dice no asumirse escritor mientras no está en ello: “Ni siquiera tiendo a ser observador. Lo que pasa es que abomino de los poses. Empezando por las poses en la escritura, la voz impostada. Germán Dehesa, que era mi maestro en Filosofía y Letras, me hacía enojar mucho porque decía que yo era «un aristócrata», que por qué me ponía en planos que no me correspondían. Me siento muy bien hablando como hablaba mi abuela Elvira, supongo que me sale natural”.

Respecto a sus planes de escritura, concluye Ramos:

“Quiero hacer cuento histórico, de no más de una cuartilla, pero quiero respetar el género al máximo. El cuento es cuento o no lo es. Tiene partículas elementales sin la cual deja de ser cuento y se convierte en verso, epifanía. Me opongo a la cuantificación, los géneros no se miden por el tamaño sino por sus características intrínsecas. El cuento puede tener un párrafo o cien páginas. Por cierto: los novelistas mexicanos eligieron como la segunda mejor novela de los últimos treinta años un cuento: Batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco”.

Agustín Ramos nació en Tulancingo, Hidalgo, en 1952, y Justicia mayor lo publicó Random House, México, 2015. Es autor, entre otras obras, de Tú eres Pedro y La visita.