Ricardo Muñoz Munguía

La voz de Octavio Paz es una voz inacabada pues, como menciona César Arístides (1967), autor del prólogo y notas, así como de la selección de poemas de la antología Mi casa fueron mis palabras (Alfaguara Juvenil, México, 2014), basta releer al Nobel mexicano para encontrar nuevas imágenes, nuevas sensaciones. Cierto es que muchos trabajos, sobre todo a propósito del centenario del poeta, ensayista, diplomático y editor, han salido a la luz; sin embargo la antología que lleva a cabo César Arístides muestra a un Octavio Paz cercano a todo lector, se trata, pues, de una valiosa propuesta para que el autor de El laberinto de la soledad se acerque tanto a jóvenes nuevos lectores como a quien desee la luminosidad de la palabra en el ser, en lo que somos, en lo que nos rodea, “también en la desolación y la muerte, Octavio Paz es creador de lo vivo, es un poeta que inyecta sangre y luz a las presencias, a las atmósferas y a los objetos”, como señala César Arístides en el prólogo, quien abre esta charla reforzando la idea de su nueva propuesta.

—Se han hecho muchos trabajos sobre la vida y la obra de Octavio Paz y yo creo que merecía la pena trabajar una serie de selección de textos orientados al acercamiento de los lectores comunes. ¿Quiénes son los lectores comunes?, son los jóvenes, los muchachos que están en la escuela o las personas que no han tenido mucho acercamiento con la obra de Paz tanto en su poesía como en su obra ensayística. Esa es la razón principal que me lleva a pensar que sería oportuno hacer una selección poética de Octavio Paz desde sus primeros poemas, escritos a los dieciséis años, hasta su obra madura que fue cuando él tenía los ochenta años. Es, finalmente, una apuesta por acercar a los jóvenes lectores la poesía de nuestro único Premio Nobel de Literatura en México.

—¿Cómo es ese criterio de selección de Octavio Paz para “lectores comunes”?

—Hay grandes temas en la obra de Octavio Paz, uno de ellos es la búsqueda del hombre, la búsqueda del destino, conocimiento del ser humano en un sentido existencial. Entonces, apartamos algunos textos que tuvieran que ver con la tan mencionada búsqueda del Ser, con la idea del poeta de la existencia: ¿qué estoy haciendo en este mundo?, ¿quién soy?, ¿cuáles son mis orígenes?, y este es un punto medular no sólo en la obra poética de Paz sino también ensayística, la esencia y el origen del ser humano; así decidimos utilizar esta preocupación como un apartado. Otro, muy importante, la realidad; esto es la realidad descubierta por el poeta en un paisaje, la realidad descubierta por el poeta en sus viajes: Japón, la India, París y, por supuesto, México, que para él tenía una de sus principales preocupaciones, lo que es México como país tanto espiritual como geográficamente. Una sección más, no menos importante para el poeta, sobre todo en su juventud, es el amor. El amor en Octavio Paz era una vertiente lírica, una vertiente literaria muy interesante; por eso él tiene poemas de amor desde su temprana edad llenos de efusividad, de audacia, con unas imágenes fuertes y, otras, conmovedoras. Es el amor una esencia poderosa, es una constante en la obra de Paz; y es el amor entendido no sólo en el encuentro con la mujer, con las caricias o la admiración a la mujer, sino fundirse con ella, el estar en la mujer, compartir con ella…

—De muchos modos tu labor como poeta también ha sido forjada en cierta forma por tu admiración a Paz. Hablemos de tu encuentro/experiencia con su obra.

—Mi padre era vendedor de libros y en una ocasión, siendo yo niño, cayó en mis manos Libertad bajo palabra, entonces leí el libro pero sin entenderlo, y lo releí, sin seguir entendiéndolo; estaba en mí algo más allá del simple entendimiento, eran las distintas sensaciones que me provocaba, se trataba de varias emociones: me movía, me conmovía, me inquietaba hasta llegar al desvelo…, y me di cuenta que no era necesario entenderlo, sino sentirlo. Así fue como yo entré a la poesía de Octavio Paz, por eso siguieron mis relecturas y, por ende, seguían mis emociones, las sensaciones se abrían como un abanico, había más colores en la lectura, nuevas intensidades, entonces me di cuenta, insisto, que no había que entenderlo objetivamente —aunque ahora ya lo entendía—, que había que sentirlo, había que permitir que el poeta o el lenguaje poético entrara en mí y dejara las imágenes en la memoria. Debo decirte que también gracias a Octavio Paz puedo leer poesía y continúa mi agradecimiento porque en gran medida por él escribo o, mejor dicho, intento escribir poesía. Octavio Paz, de muchos modos, me acercó a Góngora, a Quevedo y con sus traducciones me acercó a otros poetas como Fernando Pessoa y a sus heterónimos.

Mi casa fueron mis palabras se divide en tres secciones (el amor, la realidad y la existencia), las que, ya nos dijiste, hacen ver que Paz no es un autor difícil sino, por el contrario, generoso en sus letras…

—Qué bueno que tocamos este punto porque para mí es muy importante subrayar que entender a Octavio Paz puede ser tarea exclusiva de los estudiosos de su obra, en el sentido estricto, pero sentir un poeta de palabras abiertas, de júbilo en los vocablos, que se desplaza para dar color/calor a la penumbra y al asombro, como lo consigue Octavio Paz con su trabajo, es tarea de los lectores y la propuesta de esta antología, Mi casa fueron mis palabras, es sentir la voz de un gran poeta mexicano y compartir con él sus imágenes, sus temores, sus deseos, la búsqueda del Ser, el amor y la existencia.