Ricardo Muñoz Munguía

En medio de una carga impresionante de campañas políticas, de violencia en el país, de desempleo…, de cierto modo, es un refresco a la atmósfera social un evento como el que apareció el pasado jueves 21 de mayo, en el que apareció sobre la Ciudad de México un maravilloso halo solar. Es cierto que se ha visto en años anteriores, lo que sucede sólo en invierno, pero no en primavera y no con la intensidad que ahora se posó el anillo que, también, es normalmente blanco pero en esta ocasión se dejaron ver por lo menos un par de colores.

El halo solar, según el Diccionario de Astronomía, consiste en un arco o circunferencia luminosa que se produce alrededor del Sol cuando la luz de este astro experimenta un fenómeno de refracción por parte de cristales de hielo en suspensión en la tropósfera, una de las capas más bajas de la atmósfera.

Cierto es que la ignorancia provoca la especulación que lleva al miedo o a algo divino, como sucedió hace poco más de un lustro en la comunidad de San Isidro, Perú, cuando un grupo religioso cristiano oraba durante una marcha por la vida, cuando la muchedumbre dirigió la vista al cielo y se encontró con la sorpresa de este anillo de luz circular al que muchos no dudaron en atribuirle un significado sobrenatural o calificarlo como una señal divina. Lo cierto es que este tipo de eventos, del halo solar, son bellísimos y son naturales; por otro lado, no tienen ninguna afectación al medio ambiente o a cualquier ser vivo y tampoco son presagio de algún cambio en el clima.

Sólo se trata de celebrar este tipo de fenómenos naturales y, por otro lado, agradecer las bellas imágenes que la Dirección de Comunicación de la UNAM nos ha permitido utilizar para ilustrar este número de La Cultura en México, de Siempre!