Política y moral
José Elías Romero Apis
No debieran pasar inadvertidos muchos de los acontecimientos que se nos han vuelto consideraciones de mero rigor jurídico. Manipulación de ciudadanos, latrocinios espectaculares, persecuciones políticas, escándalos desenfrenados, apropiación de los dineros y de las potestades y “privatización” de la ley no pueden pasar ante nuestros ojos como meros incidentes penales o como simple noticia roja.
En el otro extremo, linchamientos políticos con fines partidistas. Escándalos mediáticos como estrategias electorales. Por si fuera poco, la instalación en la percepción internacional de que en México ha comenzado un desorden político de consecuencias incalculables.
Una de las tragedias colectivas de nuestros tiempos reside en que muchos de nuestros contemporáneos consideran que existe una relación indisoluble entre el quehacer político y muchos de los vicios y perversiones que concurren en el alma y el temperamento de los seres humanos, tales como la mentira, la simulación, el egoísmo, la codicia, la vanidad, la soberbia, la deshonestidad y hasta la crueldad.
Nada más falso ni más peligroso que aceptar o resignarse ante un planteamiento en esta dirección. Falso, porque parte de la equivocada idea de que en la actividad política no hay distingos individuales y que es un solo rasero con el que se ha de medir a todo individuo, sin diferencia alguna.
Peligroso porque, si se considera que la política es una actividad siempre presente en las sociedades humanas y que su ejercicio afecta el devenir individual y colectivo de todos los hombres, no puede menos que considerarse como una profunda irresponsabilidad la aceptación de que el ejercicio político se deposite, con nuestro consentimiento o con nuestra mera indiferencia, en cualquier clase de individuos y se practique con cualquier signo de conveniencia.
Uno de los mayores enigmas que han enfrentado las generaciones recientes es el que tiene que ver con la naturaleza y el alcance de la relación que debiera existir entre la política y la moral. La relación entre los fines y los medios ha sido la polémica más recurrente en la historia política de la humanidad.
Por alcanzar un estatus de bienestar, de hegemonía o de desarrollo, muchos pueblos han pretendido justificar la conquista, la guerra, la dominación, el imperialismo, la tiranía, la esclavitud y hasta el exterminio.
Pero hemos caído en el riesgo de que en el México contemporáneo se enrede la trama de la política con el tejido de la moral, en circunstancias que no necesariamente serán de conclusión feliz para la salud cívica del pueblo mexicano. Porque es indiscutible que esta cuestión estará conectada, por lo menos, con tres tipos de responsabilidades: la jurídico penal, la político histórica y la moral personal.
En buena hora la exigencia de responsabilidad en el ejercicio del servicio público. En buena hora que, también, se castigue al transgresor de la ley así sea gobernante o no. Mala concepción del poder la que rechaza todo proceso a políticos. Mal uso de poder el que, por el contrario, acepta toda persecución política.
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