Persiste el dilema

René Avilés Fabila

 Tanto en los medios habituales como en las redes sociales y en las conversaciones callejeras o familiares, ante las escandalosas y ofensivas campañas de los partidos políticos, la pregunta es la misma: ¿votar o no? La sensatez se impone, es un deber cívico y hay que ejercerlo, pero con sólo ver la total ausencia no digamos de propuestas sociales serias sino de insultos y pruebas de la infinita mediocridad de los políticos, uno lo piensa y lo vuelve a pensar.

Un compañero de la UAM-X, Mauricio Schoijet, escribió a sus colegas, yo entre ellos, un correo invitándonos a discutir el problema. La argumentación es interesante pero larga. Me limitaré a transcribir un párrafo:

“Estimados compañeros: comencé a sentir los síntomas de un problema grave de salud, una apnea o trastorno del sueño de consecuencias potencialmente peligrosas. Tengo que dormir con una máscara y un aparato llamado vpap y siento una disminución de mis capacidades físicas e intelectuales, particularmente me fastidia una pérdida de memoria.

“A pesar de ello he seguido trabajando, por supuesto que menos que antes. Terminé un proyecto de libro sobre «ciencia, ideología y el futuro de la especie humana», y estoy trabajando en otro sobre historia ambiental.

“Casi no recibo visitas pero sigo el curso de los acontecimientos con preocupación, seguramente como muchos otros. Siento que la crisis de legitimidad que padece el sistema político no tiene solución fácil y no me satisfacen las propuestas que se han planteado desde la izquierda, ni el apoyo a Morena ni la propuesta de boicotear las elecciones. La visión de Morena la considero obsoleta, un residuo de otra época, en que sí podía haber tenido sentido el «nacionalismo revolucionario». A la propuesta de boicotear las elecciones le falta un planteo que defina una posición más allá del boicot. Sugiero que sería posible una propuesta que considero más realista, la de candidatos no reconocidos que apoyen un programa…”

Me conmueve la preocupación de un entrañable compañero de trabajo. Pero tiene razón: es importante discutir, saber qué debemos hacer, qué sigue en este grave problema de votar o no. La corrupción del sistema ha llegado a límites inconcebibles y poco o nada hacemos para modificar las cosas. La postura más coherente parece ser la de ir a sufragar y hacerlo por los candidatos menos ladrones, con algún nivel educativo. Pero uno hace recuentos y los resultados se agotan muy rápido.

Para empezar, sus partidos, los diez que compiten por obtener el campeonato en este vergonzoso torneo, son todos impresentables. Es evidente que necesitamos comenzar de cero y crear nuevos organismos políticos que sustituyan a los actuales tan llenos de vicios y defectos. Pero ésa es una tarea, por lo menos, de mediano plazo. Mientras tanto, ¿qué hacemos con la basura que nos pide el voto a cambio de nada?

Parece increíble que un profesor universitario enfermo, y a pesar de ello combativo, nos llame desde su lecho a discutir el problema. Hagamos un esfuerzo por ser más críticos y buscar una alternativa a la grave situación que padecemos.

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