Juan Antonio Rosado

Madrid, 1915. Alfonso Reyes, Jesús T. Acevedo y Martín Luis Guzmán compartían un edificio en la calle de Torrijos. Dos obras claves se generan allí ese año: La querella de México, de Guzmán, y Visión de Anáhuac, de Reyes, donde se concilian el erudito y el artista. Dos años antes, al inicio de la Decena Trágica, el general Bernardo Reyes (padre de Alfonso) fue abatido por los maderistas. Para 1915 Victoriano Huerta había caído y don Alfonso tuvo que salir de Francia, adonde había sido enviado. Se refugia en Madrid. Allí, además de investigador, mantiene su intimidad con el arte. La Visión que se le revela no es sobre la patria actual, sino sobre la vida prehispánica en vísperas de la conquista. El poeta reconstruye aquel mundo viejo desde el otro viejo mundo (Europa).

Lo más célebre de este ensayo es su primer epígrafe: “Viajero, has llegado a la región más transparente del aire”. El segundo, de Bernal Díaz del Castillo, proviene del capítulo LXXXVII de la Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España: “Parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís… No sé cómo lo cuente”. Es una pena que algunas ediciones sigan reproduciendo la errata “casas” en vez de “cosas”. El tercer epígrafe, de Ignacio Ramírez “El Nigromante”, dice así: “La flor, madre de la sonrisa”. Hace años, mientras yo colaboraba con Adolfo Castañón para realizar una edición anotada de la Visión…, me tocó la ardua tarea de averiguar de dónde Reyes había sacado ese epígrafe. Cuento con la obra completa de El Nigromante, pero fue una proeza dar con la cita. Pertenece al exquisito discurso “En honor de don José Joaquín Fernández de Lizardi”, leído por Ramírez en el Liceo Hidalgo en 1874. El párrafo de donde Reyes extrajo la cita consiste en una prodigiosa enumeración de elementos naturales (el Sol, la noche, las estrellas…), a los que añade atributos poéticos, y agrega: “y la flor, madre de la sonrisa; y el vino, que dulcifica nuestros dolores, y el canto del poeta que nos transporta a un mundo de delirios; y esos labios en cuya ardiente copa, el beso, el revolucionario beso, alcanza a mezclar la divinidad con la locura; astros, flores, aves, inmortalidad, mujer, todo lo que se llama belleza, admiración, alegría y pasión y sublimidad, todo es obra del diablo”. El cuarto epígrafe, de Bunyan, le tocó a Castañón, quien con avidez leyó The Pilgrim´s Progress sólo para recontextualizar la cita (otra proeza).

Pero la expresión más citada es la del primer epígrafe. Reyes había usado la fórmula “la región más transparente del aire” en su conferencia de 1911 “El paisaje en la poesía mexicana del siglo XIX”, donde se lee: “Caminante: has llegado a la región más propicia para el vigor del espíritu. Caminante: has llegado a la región más transparente del aire”. Sin embargo, en dicha conferencia, se refería a la ciudad de su época, mientras que en la Visión nos lleva a la época prehispánica. En 1940, ya en una ciudad contaminada, escribirá su “Palinodia del polvo”, retractación pública que se abre con el lamento: “¿Es ésta la región más transparente del aire? ¿Qué habéis hecho, entonces, de mi alto valle metafísico?”. Reyes retomará esta triste situación en 1955, y por esos años Carlos Fuentes le pedirá permiso para usar la frase como título de su novela La región más transparente. Don Alfonso acaso pensó que haría honor sincero a su imagen y le dio permiso, pero la novela de don Carlos se conecta más con la “Palinodia”: retrata una ciudad turbia, por lo que el título puede entenderse como ironía. Así lo comprendió Reyes y le escribió a Fuentes, entre otras cosas: “no voy a negarte que si yo hubiera conocido el carácter de tu novela cuando me pediste permiso de bautizarla con mis palabras, hubiera dudado en concedértelo, pues siempre hay lectores y críticos malévolos que pueden atribuirte el deseo de lanzarme un sarcasmo; y, sobre todo, yo hubiera preferido que no empañaras mi frase, aplicándola a un objeto tan turbio. «Turbio» no es censura: tú has querido conscientemente hacer un libro turbio y feo, ¿verdad?” (Cartas mexicanas de Reyes, El Colegio de México, 2009). Para Emmanuel Carballo, en la carta citada, Reyes “nos da una más de sus lecciones de generosidad, tacto y sapiencia humana y literaria”. Pero más allá del epígrafe, después de 100 años cada frase de Visión de Anáhuac mantiene su frescura e intensidad literarias.