Esta facción islamista ha iniciado nuevas estrategias para lograr su existencia como un estado real.
Gerardo Yong
Pareciera ser una fórmula normal que cada vez que se inicia una guerra, se crean más conflictos de los que se intentaba resolver. La guerra de Irak, liderada por Estados Unidos en 2003, dejó un país con serios problemas sociales, económicos y políticos, al grado que se crearon numerosas facciones que han tratado de imponer sus formas de dominio, aprovechando el desconcierto ocasionado por la invasión estadounidense. Esta situación viene muy al caso respecto al llamado Estado Islámico, que en la actualidad ha fortalecido su presencia en Siria e Irak, específicamente en las ciudades de Alepo (Siria), Faluya, Mosul y Tal Afar (Irak), donde ha creado incluso instituciones islamistas bajo su drástica visión de la sharia, que le autoriza a agredir a otros grupos religiosos como los cristianos, que han sufrido asesinatos y vejaciones por rehusarse a convertirse al Islam.
La influencia del EI
Su área de influencia va desde la franja occidental iraquí, fronteriza con Siria y Jordania, el norte de Siria, y la provincia petrolera de Dayr az-Zawr, donde el gobierno sirio se las ve negras para mantener el control de los pozos y el transporte del petróleo; muchos de los camiones cisternas caen en manos de estos islamistas, que venden el combustible para financiar sus operaciones. En realidad, el llamado Estado Islámico ya existía antes de la ocupación norteamericana de Irak. Saddam Hussein trató de controlarlos e incluso intentó acabar con sus líderes, los cuales tenían la visión extremista de cometer ataques terroristas en diversos países occidentales como Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña. Sin embargo, también hay versiones que señalan que el EI es una invención de Washington para mantener el control de la zona, precisamente por la importancia estratégica que tienen los recursos petrolíferos de la región. La idea es que al finalizar el derrocamiento de Hussein y la instalación de un gobierno prodemocrático en Irak, ya no habría porqué mantener a las tropas en ese país, salvo que existiera un factor desestabilizante. Se dice que para cumplir con ese factor, la inteligencia estadounidense creó al EI, como una forma de perpetuar su presencia militar en Medio Oriente.
Según el periodista Lyas Hallas, de origen argelino, afirma que este movimiento, que agrupa a dirigentes iraquíes financiados por Estados Unidos en el pasado, sólo busca crear el caos. “Esta organización, bajo la influencia de la CIA, Qatar y Arabia Saudita opera en dos frentes: uno, para desacreditar a la resistencia iraquí y presionar a Irán a caer en un juego de influencia y dos, para influir en las decisiones políticas de Siria, Líbano e Irak, en apoyo a los grupos chiitas, de los cuales hay más de treinta agrupaciones están operando en la región. Cabe resaltar que la mayoría de ellos, ni siquiera han sido declarados como grupos terroristas por Estados Unidos”, dijo en un artículo publicado en Siempre! titulado “El Estado Islámico y el Medio Oriente”.
El Gran Califato
Se dice que el objetivo del EI es crear un gran califato que abarque Asia Central, el Cáucaso y llegue al sureste asiático, específicamente Indonesia. Recientemente, se inició un movimiento mediático para llamarle “Daesh”, en lugar de “Estado Islámico”, lo que supone un indicio de que sus estrategias habían estado funcionando desde la adhesión a su causa hasta el simple reconocimiento como “estado”, que nadie le daría, pero que formaría de manera paulatina. Durante una conferencia realizada en la ONU, Francia fue uno de los primeros en reaccionar a esta situación al declarar a la agrupación como un grupo terrorista en lugar de llamarle como un Estado. Irán y España secundaron la decisión.
Según expertos, Daesh significa en árabe “algo que se debe aplastar o pisotear”. Por supuesto que esto no ha sido del agrado de la agrupación islamista, la cual es considerada como uno de los grupos terroristas más ricos de todos los tiempos, ya que cuenta con fondos financieros que superan los 100 mil millones de dólares, además del 60% de las reservas petrolíferas y de gas de Siria e Irak.
Con estos recursos ha sido capaz de consolidar su poderío militar e incluso de crear instituciones que prestan servicios sociales a la población que los respalda y, por supuesto, de erigir una estructura ideológica y mediática al nivel de los mejores en el mundo occidental. Ya tiene una bandera, ministerios propios, emite sus propios pasaportes y hasta ha creado sus propias placas automotrices. Lo último que se sabe es que también planea emitir sus propios servicios financieros y crear una moneda; elementos que sólo son de la incumbencia de un estado políticamente y democráticamente estructurado.
¿El oro sangriento?
Para esta situación, el denominado EI ha roto con lo que ha calificado como el satánico sistema global y busca crear un sistema económico basado en las características islámicas del siglo XVII, acuñando monedas de oro, plata y cobre con distintas denominaciones.
El simple hecho de que sean acuñadas en metales preciosos, las harían inmunes a las fluctuaciones del dólar o el euro. Aunque por el momento, se piensa que nadie podría aceptar esta “moneda”, la intención es evidentemente comenzar a fracturar al sistema económico global y crear más problemas a la actual crisis financiera mundial. Al usar el oro y la plata como moneda de cambio, el EI rompe los parámetros de transacción conocidos en el mundo económico y permite a quienes las acepten, amasar una fortuna válida en metales preciosos, algo que también pasa con los llamados “diamantes sangrientos” de algunos países africanos.

