Contienda de candidatos

 José Elías Romero Apis

 El signo de los tiempos influye en la transformación de nuestro acontecer nacional. Entre ello, el funcionamiento de las elecciones, el cual ha estado anunciando cambios venideros tanto en los estilos como en las estrategias y en el trinomio candidato-elector-partido.

En primer lugar, se puede observar una mayor apertura en las prácticas preelectorales y en las contiendas internas de los partidos. Este nuevo estilo es producto fundamental de una legislación que pretende normar las elecciones de manera rígida y que ha alentado a los aspirantes a presentarse, ante el electorado, antes de ser candidatos. De esta manera se puede acudir a la contienda eludiendo los obstáculos legales del control de financiamiento, del acotamiento de medios y de la obligatoriedad de un juego limpio.

Allí está, por ejemplo, la presencia de Andrés Manuel López Obrador durante la reciente contienda electoral, donde no fue candidato. En este orden de ideas, cualquier individuo puede aplicarse al acopio de simpatías ciudadanas sin límite de alcances y sin necesidad de dar cuenta, a nadie, de su financiamiento, de sus credenciales ni de sus prácticas de estrategia. Y al decir que a nadie, contemplo que ni a sus partidos ni a los líderes formales o reales de éstos.

Esta práctica es desde luego inteligente pero no es novedosa. En muchos países existen contiendas previas que llegan a ser más intensas que las electorales. En el sistema norteamericano, las elecciones primarias no son otra cosa que la contienda interna para obtener la postulación de un partido, conlleva a los aspirantes a una lucha de muchos meses y a veces años para lograr el mejor beneplácito en todo el país. De esa suerte, la campaña formal llega a ser muy reducida porque la campaña real ya está prácticamente hecha y culminada.

Ello, además, ya tenía otro nombre en épocas pretéritas. Durante los tiempos de predominio de un solo partido lo llamábamos el handicap presidencial. Las crónicas dan cuenta de la contienda de “los 7 distinguidos”, allá por el año de 1975, de donde resultó candidato José López Portillo, y la “pasarela de elegidos”, en 1987, donde de seis aspirantes sólo uno era realmente “el elegido”, Carlos Salinas de Gortari.

Un segundo aspecto es el relacionado con la presencia de los aspirantes, los cuales se vuelven altamente dinámicos a costa de la pasividad de los partidos. Lo anterior hace que la contienda se convierta en la de figuras individuales dejando atrás la de corporaciones partidistas. Paradójicamente, es en estos estilos electorales en donde los partidos se convierten, casi exclusivamente, en maquinarias electorales de apoyo a candidatos que, personalmente, imponen su estilo, su grupo exclusivo y hasta su ideología individual al contexto general de la contienda. He aquí otro cambio posible en el trinomio electoral.

Vale la pena estar atentos a estos cambios. Por lo menos, que estén atentos los que quieren competir. O, mejor aún, que estén atentos los que quieran ganar.

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