Aparte de Lucy, estuvieron Australopithecus deyiremeda y Australopithecus prometheus
René Anaya
Todavía hace algunas décadas se hablaba del eslabón perdido, se pensaba que una sola especie había evolucionado de los primates al ser humano, pero el descubrimiento de diferentes fósiles con características y rasgos humanoides o menos simiescos, ha obligado a repensar si verdaderamente se trata de una cadena evolutiva lineal o de un árbol del que surgieron ramas primarias, secundarias y terciarias que culminaron con el Homo sapiens.
Al margen de las concepciones religiosas del origen divino del ser humano, que de tiempo en tiempo resurgen de los rincones más siniestros del oscurantismo, la mayoría de las personas reconocemos una vía evolutiva que se suponía empezó a bifurcarse entre los primates y los homínidos hace unos 3.5 millones de años, pero los hallazgos recientes de fósiles obliga a reconocer varios caminos que condujeron al ser humano.
Todo comenzó con Lucy
El 24 de noviembre de 1974, el paleoantropólogo estadounidense Donald Johanson descubrió a Lucy a 159 kilómetros de Adis Abeba, la capital de Etiopía. Se trata del esqueleto de una hembra de un poco más de un metro de altura, que vivió hace unos 3.5 millones de años, al que científicamente se le consideró perteneciente a la especie Australopithecus afarensis.
Lucy (nombre que se le dio porque la noche siguiente del hallazgo, los miembros del equipo de Johanson escuchaban la canción “Lucy in the Sky with Diamonds”, de Los Beatles) pesaba unos 20 kilos, tenía unos 20 años al momento de su muerte, su cerebro era unas tres veces más pequeño que el nuestro; aunque ya caminaba erguida seguía teniendo una actividad arbórea, recolectaba fruta y jugueteaba y dormía en las ramas de los árboles.
Con todos esos elementos, se confirmó la teoría de que la cuna de la humanidad estaba en África, pero también se creyó que Lucy o el Australopithecus afarensis era la bifurcación de los primates y los homínidos, que a partir de esa especie la evolución conduciría al Homo sapiens, pasando por el Homo habilis y el Homo erectus, en una breve y muy general secuencia.
Sin embargo, esa línea evolutiva no lo es, ni siquiera una cadena bifurcada, pues se trata más bien de un verdadero árbol genealógico con ramas que representan la existencia de varios australopitecos y varios homos que finalmente culminaron en el ser humano, como lo han confirmado recientes hallazgos e investigaciones de paleoantropólogos. Esos nuevos descubrimientos permiten dibujar un nuevo árbol genealógico con más ramas, que se asemeja más a los de otras especies del reino animal.
Los orígenes variados de los homo
Ahora se sabe que varios australopitecos pudieron ser el origen de los homo (habilis, ergaster, erectus y otros), uno de ellos es el Australopithecus deyiremeda, descubierto en la región de Afar, Etiopía, a unos 30 kilómetros de donde vivían los afarensis.
“Es tan probable que esta nueva especie sea el ancestro del género Homo como que lo sea Lucy”, ha reconocido el paleoantropólogo etíope Johannes Haile-Selassie, del Museo de Historia Natural de Cleveland, Estados Unidos, y autor principal del artículo publicado el 27 de mayo en la revista Nature, donde se dan a conocer sus investigaciones.
A este trabajo se une otro publicado el 20 de mayo en la misma revista, sobre la fabricación de las primeras herramientas, que al parecer no fueron hechos por humanos sino por el Kenyanthropus platyops, una mezcla de australopiteco y humano, que vivió en Kenia hace unos 3.3 millones de años, es decir 700 000 años antes de la aparición de los homo.
La arqueóloga Sonia Harmand, al frente de un grupo internacional de Francia, Estados Unidos y Kenia, informó de sus hallazgos en el oeste del lago Turkana, en el norte de Kenia, donde se encontraron 150 artefactos de piedra (yunques, percutores o martillos y otras piezas, que manifiestan “un control sustancial del control motor de la mano, y por tanto la expansión o reorganización de varias regiones del córtex cerebral”, ha referido la investigadora.
Asimismo, otro estudio publicado en abril de este año por la revista Nature, informa que la especie Australopithecus prometheus, representada por el esqueleto de Little Foot (pies pequeños, en inglés) vivió hace unos 3.6 millones de años; es decir pudo ser coetánea de la de Lucy, pero era más grande y alta (más de metro y medio de estatura), con hombros muy fuertes, brazos largos y también con una marcha bípeda.
De esta manera, parece ser que Lucy no fue el antepasado directo del género Homo, sino que pudo haber otros australopitecos de los cuales surgieron los primeros miembros del género Homo, por lo que a nuestro árbol genealógico le han crecido más ramas y se ha vuelto más tupido e interesante.
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f/René Anaya Periodista Científico
