La visita a Washington que inicia este lunes la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, es una cita que se aplazó, concretamente desde octubre de 2013, cuando el presidente Barack Obama esperaba recibirla en la Casa Blanca con los más altos honores que tiene el protocolo estadounidense.
La revelación del técnico de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) Edward Snowden de que le habían espiado hasta el teléfono móvil puso fin a esa visita y, por un buen tiempo, dificultó las relaciones bilaterales.
Casi dos años más tarde, y con numerosos muestras diplomáticas de por medio -aunque nunca una disculpa formal de Washington- llegó el momento de la reconciliación, una acción que, en la coyuntura actual, interesa más a Rousseff que a Obama, según coincidieron analistas en un debate previo celebrado este lunes en el Centro de Estudios Estratégicos e Institucionales (CSIS) en Washington.
“La visita es mucho más importante para Rousseff que para Obama, porque Dilma está en una encrucijada política muy complicada, con un país en una especie de recesión y un escándalo de corrupción”, reportó el corresponsal en Brasil de El País, Antonio Jiménez Barca.
Tanto para mejorar su imagen en el exterior como si consigue cerrar algún acuerdo comercial, Rousseff “tiene mucho que ganar con la visita”, siguió durante un diálogo coorganizado por ese diario y el Club de Prensa de NTN24.
“El Gobierno brasileño se ha dado cuenta de que es el momento oportuno de recomenzar esta relación, tanto política como comercialmente”, coincidió Hussein Kalout, del Centro Weatherland de Relaciones Internacionales de la Universidad de Harvard.
El objetivo primordial es “recuperar la confianza”, pero los dos presidentes también tienen en agenda “impulsar una nueva relación estratégica” que interesa a ambos, insistio.
En este sentido, los acuerdos comerciales y el cambio climático de cara a la cita de París son temas contemplados con prominencia en la agenda de Washington, que comienza este lunes con una cena de trabajo a la que seguirán el martes reuniones a lo largo de toda la jornada.
Pero no se trata, según Carl Meacham, director del Programa América del CSIS, de alcanzar gran número de acuerdos concretos, sino más bien tomar esta reunión “como el comienzo de lo que debe venir” en la relanzada relación bilateral.
La gran duda está en la interrelación entre los dos mandatarios. Ni Rousseff ni Obama son los mismos que en 2013, recordó Muni Jensen, analista política del Club de Prensa. La presidenta brasileña que se permitió darle la espalda a Obama gozaba en aquel entonces de altas cotas de popularidad y el mundo miraba con admiración el crecimiento de un Brasil que además a acogería el Mundial de Fútbol.
La Dilma Rousseff que visita ahora a la Casa Blanca lo hace en medio de escándalos de corrupción que han llegado a su entorno más cercano y por una economía que provoca demasiadas dudas.
Por el contrario, Obama, que está ya en el último tramo de su segundo y último mandato, viene de obtener fuertes victorias en su agenda -como la validación por la Corte Suprema del plan estrella de su mandato, la reforma sanitaria- y una economía en fuerte recuperación.
Información de El País, España
