Hoy enfrenta la prueba más difícil
Alfredo Ríos Camarena
El arte de la política consiste en obtener y conservar el poder; para lograrlo —independientemente de plataformas ideológicas y filosóficas— se requiere habilidad, talento y capacidad operativa.
El presidente Enrique Peña Nieto ha sido objeto —con razón o sin ella— de duras campañas que han afectado su índice de popularidad, pero no se puede negar —nos guste o no—que el presidente ha sido un jugador político de indudables habilidades pragmáticas.
Siendo muy joven diputado local, pocos creyeron en la posibilidad de que accediera a la gubernatura; sin embargo, obtuvo primero la candidatura contra viento y marea —recuérdese que a su toma de posesión como candidato no asistió el Comité Ejecutivo Nacional del PRI— pese a todo, fue candidato y logró ser gobernador; desde esa posición —estando el PRI en su peor momento histórico— consolidó un liderazgo con sus homólogos gobernadores; en la sucesión de gobernador al Estado de México, decidió no por sus más cercanos, sino por aquél que consideró que tenía mejores posibilidades de éxito: Eruviel Ávila.
Siendo candidato a la Presidencia de la República y Humberto Moreira presidente del PRI, se vinieron los escándalos contra el coahuilense y Peña Nieto no dudo en sustituirlo; así regresó el PRI a Los Pinos.
Ya como presidente, no le tembló la mano para encarcelar a Elba Ester Gordillo y maniobró su proyecto reformista con los partidos políticos nacionales, algunas veces con el PAN como la reforma energética, otras con el PRD como la reforma fiscal, y muchas otras todos juntos; utilizó los servicios de dos políticos de colmillo retorcido: Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones para controlar el Congreso; sin lugar a dudas obtuvo lo que quiso, por supuesto le produjo desgastes.
En estas elecciones el partido en el gobierno conserva su mayoría en la Cámara de Diputados, no fue así con Zedillo, ni con Fox, ni con Calderón; las elecciones se veían —según la información pública— amenazadas por la violencia, pero no sucedió, entre otras razones por la suspensión temporal de la aplicación de la reforma educativa en materia de evaluación, restituyéndose posterior a la elección.
Los ganadores del proceso electoral fueron muchos: la democracia por un lado, ya que se logró un proceso plural y la participación del 47% de la lista nominal; por otro lado, los candidatos independientes —particularmente el Bronco—, el INE, el PRI, Morena, Movimiento Ciudadano, y sin duda alguna el presidente Peña Nieto, que de entrada, podrá lograr el Presupuesto de Egresos de la Federación 2016, cuya aprobación es una facultad exclusiva de la Cámara de Diputados de conformidad con el artículo 74 constitucional, donde el número de diputados del PRI, PVEM y Nueva Alianza le alcanzan para obtener la mayoría a su favor.
Peña Nieto hoy enfrenta la prueba más difícil, sacar su gobierno de la mediocridad económica y de la incertidumbre y el miedo que produce la falta de seguridad; cerrar las brechas de la desigualdad; crear un clima político que le permita operar la sucesión de 2018 con éxito.
