Alfonso González
Si en un principio Ignacio Solares se interesaba en la psicología y parapsicología de sus personajes como en Puerta del Cielo (1979) —donde un adolescente cae en una suerte de éxtasis debido a la inconsciente mezcla de sus creencias religiosas y sus instintos sexuales— a partir de Madero, el otro (1989) —que versa sobre la psique de Madero y el eventual triunfo electoral que irónicamente lo condujo a la muerte— Solares (explora) enfoca una rama de su interés en el mecanismo espiritual y psicológico de figuras históricas y arquetípicas mexicanas. En su afán por entender el comportamiento irracional, y bestial a veces, de figuras históricas importantes, nos ha hecho co-partícipes de sus fascinantes exploraciones y sus aparentemente contradictorios resultados. El gran elector (1993) es un brillante análisis psicológico del arquetípico presidente mexicano del siglo veinte. Columbus (1996) explora los efectos de la Revolución Mexicana en Ciudad Juárez y el lunático ataque de Pancho Villa al pueblo de Columbus en Nuevo México. El jefe máximo (2011) versa sobre la mente totalitaria y desequilibrada del fundador del partido que gobernó México durante todo el siglo veinte a partir de la Revolución, Plutarco Elías Calles.
En La noche de Ángeles (1991) nos presenta a un distinguido general que defiende los ideales cristianos y democráticos de quien muchos consideran padre de la democracia mexicana, Francisco I. Madero. Por otra parte Un sueño de Bernardo Reyes (Alfaguara, México, 2014), la novela más reciente de Solares, explora el suicidio irracional de otro brillante general mexicano que se autodestruye gracias a las cualidades que lo llevaron al triunfo: su amor a la patria, y una lealtad incondicional al que para muchos historiadores fue el salvador de México ya que lo llevó del caos a la paz y prosperidad: Porfirio Díaz.
La novela consta de un epígrafe, veinte capítulos breves, y una “Bibliografía mínima” de las obras citadas. El epígrafe es de la “Oración del 9 de febrero” de Alfonso Reyes, hijo del protagonista. El primer capítulo se titula “Un personaje shakespeareano” y narra la muerte suicida de Bernardo Reyes, quien como un Quijote poseído, arremete contra los molinos de viento: se lanza contra un enemigo parapetado tras una batería de ametralladoras. Los siguientes diecinueve capítulos relatan principalmente los hechos de guerra y la lealtad que siempre le tuvo a Díaz y que lo llevaron a ser nombrado Ministro de Guerra. Después de la caída de Díaz y del triunfo de Madero, decide regresar a México para dar un golpe de estado y salvar al país de un gobierno que según él, y varios otros militares, había perdido la brújula. Todo el apoyo que le habían prometido los descontentos desaparece a su llegada a México. A los 63 años llega a un cuartel militar del gobierno de Madero, muerto de cansancio, de sed y de hambre —no para atacarlo— sino para entregarse y que le den algo de comer. Madero le pone en la cárcel con todo tipo de comodidades y de allí escapa para terminar su vida, la pesadilla de los últimos meses.
Bernardo Reyes, padre de Alfonso Reyes, fue uno de los principales allegados al circulo de Porfirio Díaz. Debido a sus hechos militares llegó a ser un respetado general. Su desempeño en el campo de batalla y en el gobierno de su natal Nuevo León le ganaron el reconocimiento de mucha gente. Su lealtad a la patria y a Porfirio Díaz, a quien consideraba el salvador de México, le valieron para ser nombrado Ministro de Guerra. Después que Díaz dijo en una entrevista que se retiraría del poder en las siguientes elecciones, surgió el nombre de Reyes como un acertado reemplazo del hombre que había salvado a México del caos y el retraso económico. Reyes rechazó ser el candidato opositor a la dictadura cuando el mismo Díaz le informó que había cambiado de opinión. La caída de Díaz y el triunfo electoral de Madero lo obligaron a desvariar al punto de exiliarse para después regresar a encabezar un golpe de estado contra quien, según él, llevaba al país a un regreso al caos.
La novela está construida por un narrador omnisciente que frecuentemente cede la palabra a sus personajes históricos y ficticios.
Narrador omnisciente: “Esa dama estaba cortada al modelo de la antigua ‘ama castellana’ dice su hijo Alfonso” (51).
Bernardo Reyes fue un hombre de una amplia cultura. Además del Quijote había leído a Quevedo, Espronceda, Victor Hugo, Tolstoi (60).
Tiene frecuentes conversaciones con don Porfirio sobre las armas y las letras, entre otras cosas (61).
Después de decirle a Reyes que es un hombre de armas y letras, le pide que escriba su biografía (55).
Solares presenta a sus personajes por sí mismos, “Reyes recordó, ahí, tendido…” (43). O “recordó aquella ocasión durante la batalla de La Mojonera . . .” (47).
Frecuentemente Ignacio Solares refuerza su interpretación de los hechos y los personajes con citas textuales de historiadores y periodistas.
Hay varios comentarios y citas del famoso Alfonso Reyes, hijo de Bernardo Reyes, quien obviamente optó por escoger la carrera de las letras y no la de las armas como su padre. Alfonso Reyes, “no condenó a priori el triunfo maderista sino que confió en el inicio de una época ‘agradabilísima y de civismo serio’” (41).
Cuando Díaz le comunica a Reyes que desea postularse una vez más para presidente, Reyes abandona sus pretensiones presidenciales y se hace a un lado. Victoriano Huerta le ofrece dar un golpe de estado a don Porfirio y nombrarlo a él presidente del país. Grupos masones de todo el norte del país lo postulan para que participe en las elecciones contra Díaz y él se niega (69).
El capítulo once es una enumeración de sus logros como gobernador de Nuevo León. “¡Así se gobierna! Le dijo el presidente Díaz al gobernador de Nuevo Leon” (75).
“Una ave agorera” es el capítulo trece, en el que se presenta Victoriano Huerta ofreciéndole a Reyes el puesto de presidente de la Republica si acepta que Huerta aprehenda a Díaz y dé un golpe de estado (81). Reyes se niega, como es de esperarse.
La entrevista Díaz-Creelman, capítulo quince. “La dictadura murió en los brazos de la entrevista con Creelman, juzgándola a la luz de sus consecuencias” (91). La entrevista fue publicada en Pearson’s Magazine en marzo de 1908 con el título “El presidente Díaz. Héroe de las Américas” (95).
La entrevista Díaz-Creelman precipitó confabulaciones y discusiones sobre quién sería el sucesor que siguiera impulsando al país. Los masones del norte de México y otros, incluyendo al mismo Díaz, señalaron al general Bernardo Reyes. Sin embargo, poco después de esta entrevista en la que había anunciado su próxima renuncia, Porfirio Díaz cambió de opinión unos días más tarde y así se lo hizo saber a Bernardo Reyes, quien no acepta ser candidato en contra de Díaz.
