El programa espacial chino ha mostrado grandes avances en materia de exploración espacial ante la urgente necesidad de buscar nuevos horizontes para satisfacer su voraz necesidad de materias primas. La Luna es uno de sus principales objetivos industriales y estratégicos para 2020 (Sumario)
Gerardo Yong
Hace 46 años que se realizó el primer alunizaje. Específicamente, el 21 de julio de 1969, un equipo de astronautas pisó por primera ocasión el suelo polvoso del único satélite que tiene la Tierra. Michael Collins permaneció a bordo del módulo de mando Columbia en la órbita lunar, mientras Edwin Aldrin y Neil Armstrong, realizaban la misión de descenso en la zona conocida como el Mar de la Tranquilidad. Todo mundo recuerda la famosa frase de este último pronunciada precisamente al dar el primer paso tras bajar por la escalinata del módulo lunar Eagle: “Es un primer paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”. Después de eso, no se volvió a saber más sobre una misión tripulada al satélite sereno.
Estamos en 2015 con China al frente de una comunidad internacional que ha completado numerosos casos de éxitos comerciales, financieros, educativos, deportivos, tecnológicos, científicos y, por supuesto, en el exclusivo sector aeroespacial. El programa espacial chino ha logrado desarrollar cohetes de propulsión con los que ha puesto en órbita no sólo sus propios satélites, sino los de sus clientes internacionales como Bolivia y Nicaragua, que lo han elegido como una potencia espacial sumamente competitiva en capacidad de realizar este tipo de proezas tecnológicas. Incluso tiene planes conjuntos con socios como Brasil dentro del BRICS. Hace dos años, logró alunizar una sonda no tripulada denominada Chang E3, con el robot explorador Yutu, con ello se convirtió en el tercer país que ha logrado esa hazaña en 37 años, algo que solamente habían logrado la Unión Soviética y Estados Unidos. Uno se preguntaría porqué nadie más, es decir, la Unión Europea, Gran Bretaña o Japón, pudieron quedarse en ese lugar del medallero espacial. Alguna vez escuché una entrevista que le hicieron a Ricardo Torres Nava, el primer alpinista mexicano y de Latinoamérica que ascendió al Monte Everest. El comentó que China era una nación altamente competitiva. Señaló que en una ocasión se dudó de que los alpinistas chinos pudieran haber llegado a la cima del coloso del Himalaya. Fue entonces cuando el gobierno chino reaccionó “ordenando” a sus autoridades deportivas que organizaran un equipo de ascenso urgente para demostrar que los críticos estaban equivocados. Para asegurarse de que todos recordarán la proeza, hizo que sus escaladores colocaran una bandera china que pudiera desafiar los fuertes vientos que se registran en la cima. Según contó Torres Nava, la bandera estuvo ahí por varios meses. Todos los alpinistas saben que las ráfagas hacen prácticamente imposible colocar una bandera, por eso es los equipos de ascenso, sólo se toman la foto para registrar su marca.
Un ascenso más alto
Ahora, la mira de sus proyectos espaciales apunta hacia una misión tripulada a la Luna, proceso que está programado a realizarse en el 2017 con robots y en 2020, con humanos, a los que ha bautizado como “taichonautas”. Expertos en materia espacial como el Dr. Rodolfo Neri Vela, el primer astronauta mexicano, consideran que China ha dado una gran sorpresa al mundo, conun proceso que comenzó al abrirse mediante una filosofía semioccidental, que le permitió consolidarse en los negocios y en el plano económico global. “China, al igual que las grandes potencias del mundo, tuvo una carrera armamentista que le permitió desarrollar misiles, cohetes y satélites de todo tipo desde hace décadas, pero durante mucho tiempo, Estados Unidos no permitía que satélites construidos por empresas norteamericanas fuesen enviados a China para ser orbitados por cohetes de ese país”, afirmó Neri Vela. “Esto era para evitar que Beijing tuviera acceso a esa tecnología. La situación ya cambió gracias a todos esos convenios comerciales que han llevado a China a un nivel económico muy alto, es decir, lo pudo hacer por sí mismo”.
Temores geoestratégicos
Sin embargo, otros especialistas como Peter Bond, de la revista Jane´s Space Systems and Industries, opinan que el descenso en otro mundo, es un desafío tecnológico muy importante que ha comenzado a ser descifrado por los ingenieros chinos con gran éxito. La meta de China es buscar nuevas alternativas mineras en cuerpos celestes como la Luna, el más inmediato a la Tierra, en previsión de que los recursos naturales pudieran estar agotándose ante la sobreexplotación ejercida por las potencias industriales y el voraz apetito de naciones emergentes como ella misma, que cada año requiere de más materias primas para llevar a cabo su ascenso a los primeros lugares del ranking mundial.
El esfuerzo unificado de un pueblo
El programa espacial chino califica su intención de llegar a la Luna como una forma de explorar el uso pacífico del espacio, entre estos, los viajes espaciales comerciales, así como el desarrollo de telecomunicaciones y de rastreo espacial más profundos. Pero otros especialistas como Dean Cheng, del Heritage Foundation, consideran que es una demostración de poder que es llevado a cabo a través del esfuerzo unificado de su población. “Se trata de un reflejo de su poderío económico, ya que se necesita de recursos financieros para llevar a cabo un programa espacial que no sólo tiene fines científicos sino implicaciones militares. Es una forma de practicar una diplomacia disuasiva mediante la imagen fuerte que le da el desarrollo de capacidades tecnológicas de punta”, comentó Cheng.
Otros expertos señalan que China está buscando ir a la Luna por razones geoestratégicas, aprovechando un momento en que el sistema espacial estadounidense se encuentra en su momento más bajo. Sin embargo, esto no parece ser así, sino más bien un cambio en la finalidad de la exploración espacial, la cual China concibe como un factor más industrial a diferencia de la Nasa que la usa para abrir nuevas fronteras por conocer, como es el caso de la actual sonda New horizons, que es la primera en llegar a Plutón, en los confines del llamado Sistema Planetario Solar. Tal vez ha llegado el momento de establecer la primera industria transterrestre en el espacio y, por supuesto, se le tuvo que ocurrir a una de las culturas comerciales más antiguas de la humanidad. La misma que abrió la Ruta de la Seda, que ahora podría llegar por lo menos a la Luna. (Artículo basado en comentarios diplomáticos).

