Problemas y… la renuncia del gabinete
Alfredo Ríos Camarena
Gobernar una ciudad como nuestra capital, con una densidad demográfica de las más altas del mundo, con presupuesto insuficiente y limitaciones constitucionales, por su carácter de Distrito Federal, es muy complicado; y más aún cuando la experiencia y el curriculum del gobernante es insuficiente.
Miguel Ángel Mancera aterrizó tersamente en la jefatura de gobierno porque se dieron las condiciones para que un joven doctor en derecho, de presencia agradable y trato sencillo, arribara a esta enorme responsabilidad. Así sucedió bajo el patrocinio del hoy perseguido Marcelo Ebrard.
La luna de miel del nuevo jefe de gobierno no duró: desde los primeros días vimos la pesadilla de los anarquistas en las calles generando absurda violencia; la corrupción inevitable en las delegaciones políticas que siguen siendo un cáncer de la ciudad; más tarde, el fracaso estruendoso del gobierno anterior que a Mancera le explotó en las manos y ha sido incapaz de resolverlo, la Línea 12 del metro que aún no funciona y sigue afectando a cientos de miles de capitalinos, aun cuando esta semana la Procuraduría de Justicia del DF ordenó las primeras aprehensiones.
El tema de la privatización de las calles de la ciudad, producida por los parquímetros, es ambivalente y discutido, al igual que los servicios de la empresa Uber y otras, que sustituyen —con ventaja— a los que proporcionan los taxis reconocidos y los llamados tolerados.
En el aspecto ambiental, se ha encontrado una solución razonada, no por el gobierno capitalino, sino por la Suprema Corte de Justicia de la Nación con una sentencia que desliga el modelo de los vehículos al programa Hoy No Circula y aplicarlo sólo en función de los gases contaminantes que emitan.
Se dice que el crimen organizado no ha penetrado en la ciudad, pero hay denuncias de que en la colonia Condesa está cobrando fuerza la extorsión y el pago del derecho de piso. Aun cuando reconocemos la eficiencia que han tenido las cámaras instaladas denominadas C4.
En el aspecto jurídico ha habido equivocaciones serias, la más importante es la falta de técnica legislativa y concepto de norma superior de lo que debería ser una Constitución particular del Distrito Federal; en el Senado de la República los jaloneos de las distintas fracciones parlamentarias quisieron construir un hermoso caballo y terminaron con un espantoso dromedario, con graves fallas de inconstitucionalidad; la minuta enviada a la Cámara de Diputados seguramente ya no será aprobada por la nueva conformación de la legislatura que pronto iniciará su periodo.
En materia política, el resultado de las recientes elecciones de delegados, diputados locales y federales, el PRD perdió el poder político por primera vez en 18 años frente a las huestes lopezobradoristas de Morena. Mancera, aun cuando fue apoyado por ambos grupos en su candidatura, se encuentra actualmente en un interregno pantanoso, pues entre otras de sus muchas indecisiones no ha tomado una clara posición partidaria, aunque parece ser que su definición está por el PRD de los Chuchos, que ya lo lanzó al ruedo de la sucesión presidencial, pero necesariamente tendrá que lidiar con las fuerzas de Morena, que ya apunta a dos candidatos a sucederlo: Ricardo Monreal y Martí Batres, dueños de la mayoría de la Asamblea Legislativa.
Finalmente la última audaz maniobra de Mancera fue solicitar la renuncia a su gabinete legal y ampliado para redefinir el perfil de su gobierno y evaluar el desempeño en el medio tiempo. La estrategia no está mal, el problema es que dejó un lapso muy amplio para tomar decisiones. Ojalá tengamos un mejor gobierno de una ciudad que angustiosamente lo necesita y deje de ser una ciudad a la deriva.
