Y nadie hace nada
Félix Fuentes
Los gobernadores superan con creces el sobrenombre de virreyes. En tiempos del autoritarismo, habrían sido despedidos o estarían en la cárcel varios de ellos.
Hasta el gobierno de Miguel de la Madrid, el secretario de Gobernación (Manuel Bartlett) mantuvo a raya a los mandatarios estatales. Entonces les exigían cuentas de los recursos que recibían de la federación.
Con Ernesto Zedillo, como jefe de Estado, creció el desorden. Los gobernadores, asidos de la falaz autonomía, empezaron a actuar como dictadores.
Zedillo se esmeró por entregar el poder al PAN y los mandatarios blanquiazules, Vicente Fox y Felipe Calderón, permitieron manga ancha a los gobernadores, de los partidos que fueran.
Algunos incurrieron en flagrantes ilícitos. Destaca Humberto Moreira, a quien se señala de endeudar Coahuila con 33 mil cien millones de pesos, dinero con el que financió campañas políticas.
Tras dirigir al PRI, Moreira se fue a vacacionar durante meses a España y volvió a México, en calidad de intocable. Es protegido histórico.
El tabasqueño Andrés Granier Melo desvió más de mil 900 millones de pesos de las arcas de Tabasco, según denunció el gobernador actual, Arturo Núñez.
Granier se fue a vivir a Miami, Florida, pero convino con autoridades federales en venir a México y rendir declaración en la PGR, para cerrar el expediente y volver a su paraíso vacacional.
En el interrogatorio se asustó Granier y se declaró enfermo del corazón, sin estarlo. Por esa mentira quedó roto el compromiso de dejarlo en libertad, pero de acuerdo con una información filtrada a Loret de Mola, pronto abandonará el presidio. ¿Otro protegido?
Quien debió ser obligado a pedir licencia, e incluso enjuiciado, es el mandatario de Oaxaca, Gabino Cué, quien durante cinco años funge como títere del líder de la Sección 22 de la CNTE, Rubén Núñez.
Dicho líder ha saqueado las arcas de Oaxaca e impedido la enseñanza a los niños más pobres de México. Es abominable, criminal, que Gabino Cué sea indolente frente a tan grande desdicha nacional y las autoridades federales lo permitan.
El secretario de Educación, Emilio Chuayffet, no pudo realizar las dichosas evaluaciones a maestros de Oaxaca y se declaró derrotado al decir: “Ahí se permite que la CNTE haga lo que quiera”.
Lo permiten, obvio, el gobernador Gabino Cué y el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien se olvida de los estados de la república.
¿No actúa Osorio porque terminó la era del autoritarismo? O le tiene tanto respeto a Rubén Núñez que éste lo emplaza a una nueva mesa de diálogo con la finalidad de todos sabida. Tampoco hizo nada ante la avalancha de denuncias de Nuevo León y Jalisco, donde los gobernadores Rodrigo Medina y Aristóteles Sandoval son señalados de cuantiosos negocios, en los cuáles participan sus respectivos progenitores.
De ambos mandatarios están por escribirse miles de cuartillas. No es casual que en la entidad regiomontana haya ganado el independiente Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco, y en la capital tapatía se impusiera otro independiente, Enrique Alfaro.
