Ricardo Muñoz Munguía
El poeta abre las puertas del tiempo (presente en todo momento, es decir, el pasado es una presencia, y no termina, así también lo que se avizora), de la enfermedad, del dolor, de la muerte…, es entonces que, como si se tratara de amigos, las atmósferas, algunas de las que he hecho mención, entran.
Han venido unos amigos (Valparaíso, México, 2014; 90 pp.) es un poemario en que la dimensión, sobre todo, del dolor, clava el espíritu a las tablas del instante perpetuo. Y es con los luminosos tintes de la poesía: “Tal vez la poesía sea un consuelo: una manera/ de sobrepasar las limitaciones de la existencia/ y la potencia del deseo;/ incluso es posible que pueda trascender la voluntad/ de esperar y perseverar entre las cosas del mundo”, ejercicio en que Antoni Marí (Ibiza, 1944) descubre por descubrirse entre esas “cosas” que como gotas de fuego llueven y que enfrenta su mirada en ese parque de luz inversa, por llamarle de algún modo a esa daga que atraviesa más allá de lo físico.
Otro aspecto recurrente son los sueños. Y para ello, me hace voltear hacia lo mencionado por Freud en su libro La interpretación de los sueños, cuando habla sobre la muerte de seres queridos, que tenemos unos sueños típicos, en los que sólo se recuerdan sin tener ningún efecto pero los no típicos, los que nos hacen vivir el amargo por tan reales, es, también, la esencia que nutre el libro de Antoni Marí.
Soledad, cúmulo de ideas, de silencio, de sentidos, es una más de las aportaciones que, como clavos, están a lo largo de las páginas. Y Mario Bojórquez menciona sobre el volumen que hoy nos ocupa que “La obligada soledad conduce las reflexiones por una ruta afectiva que también es un regreso a la más profunda identidad, estar solos nos permite reconocer aquello que nos daba una confirmación en la vida”. Vida que de espalda con su sola presencia hace llagas a la casa de la memoria.
Antoni Marí es autor, entre otros volúmenes de poesía, de Ombra i llum: variacions sobre un tema romàntic y Un viatge d’hivern. Han venido unos amigos (Han vingut uns amics, con el que recibió el Premio Cavall Verd de Poesia) retrata sensaciones, describe soledades, impregna su memoria con la fuerza debida para comunicar al lector no sólo la cantidad enorme de imágenes sino, algo más palpable, consigue hacernos sentir, quizá con cierta forma involuntaria para el que lee, los temibles ecos amargos que se despliegan en este libro de materia y de alma, de cuerpo y de memoria, de vida y de muerte.
