Si en México se penalizara con cárcel la mala actuación de un representativo nacional de balompié y, con la inversión que se tiene para ello en la Federación Mexicana de Fútbol (FMF), la escuadra de Miguel “El Piojo” Herrera, purgaría ya varias condenas en prisión, no sin antes haber sido perseguidos, arraigados –ilegalmente-, consignados y recluidos en un “penal de máxima seguridad”, aunque después se escaparan por los túneles que conducen a los vestidores.

El pase a la final de la Copa de Oro, mediante una paupérrima actuación del TRI, en el que les fue regalado un penal y ya estrictos hasta dos, es muy similar a las evaluaciones de los integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), donde se habla mucho, se discute más y a la hora de ser evaluados, exhiben sus limitaciones.

El 2-1 definitivo sobre el seleccionado panameño, habla de lo “pioja” que puede ser una escuadra obligada a ganar por todo lo que ello representa para México; es más, se olvidó por casi tres horas o más, que Joaquín “El Chapo” Guzmán, había escapado del penal del Altiplano.

Tal vez, con el 1-0 en contra, marcado en los botines del panameño Román Torres, al aprovechar un balón parado al minuto 11´de la segunda parte, para con pierna derecha poner en ventaja a su escuadra, pudo no haberse tampoco acordado la afición mexicana, que en la comunidad de Ixtapilla, del municipio de Aquila, 24 horas antes había sido sepultado Edilberto Reyes, el niño de 12 años de edad muerto a tiros durante la irrupción del Ejército Mexicano a ese poblado para “reventar” con disparos “al aire”, una manifestación civil el domingo pasado.

Quizá, el penal que el árbitro regaló a los pupilos de El Piojo al minuto 89´, hubiera sido más seguro que muchos de mediana, alta y máxima seguridad de México; al menos en el cobro lo supo dirigir muy bien Andrés “El Principito” Guardado, quién a tiro cruzado consigue la igualada, cuando el reloj marcaba un minuto antes del final.

Las críticas hacia el “hombre de negro” Mark Geiger, de que medio se equivocó y medio pitó bien, fueron infundadas porque confirmó su mala actuación, para que no se diga que es mediocre, como la liga MLS

El originario de Nueva Jersey, regaló un penal más -por todos los que faltan en la República Mexicana-, que supo aprovechar muy bien Guardado con un fuerte y colocado disparo en línea recta que atravesó el marco que defendía el guardameta panameño, Jaime Penedo.

Uno de los amonestado fue Aníbal Godoy, quién en varias ocasiones estuvo a nada de ser expulsado del partido por tanta violencia, algo muy parecido al exgobernador de Michoacán, Leonel, también Godoy, que su incapacidad dejó muchos muertos en el camino durante su administración, y que por cierto es hermano de un exdiputado federal prófugo de la justicia por su vinculación con el crimen organizado.

Pero si de relacionar violencia se trata, tampoco se puede dejar a un lado y de condenar, los hechos registrados en el estadio “Georgia Dome” de los Estados Unidos, que se trasladaron de la tribuna a la cancha y, donde a pesar de que los aficionados intentaron boicotear el partido para perjudicar a los contrarios y arremeter en contra del árbitro, los mismos jugadores y la seguridad del recinto lo impidieron.

Esto es algo similar a lo que sucede con los partidos políticos que se dieron hasta con la cubeta, todo el proceso electoral del estado de Chiapas, en la que se eligieron 41 diputados locales y 122 alcaldías.

Los simpatizantes (aficionados) salieron descalabrados, mientras los candidatos (jugadores) y partidos políticos (dueños o presidentes de los equipos) solo se gritaron, montaron en espectáculo para defender su ego, y finalmente terminarán dándose la mano, por aquello del Fair Play (juego limpio).

Bueno, hasta se parecen, la acalorada discusión que se da entre los dueños de los equipos para adquirir el poder, con el pretexto de armar una buena Selección y brindarle confianza al Director Técnico, con la confrontación del PAN y PRD en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, quiénes arremetieron en la Máxima Tribuna del País, en contra del PRI y PVEM.

Total que al final de esta analogía, los perdedores refutan, descalifican y desconocen los resultados, mientras que los ganadores del partido lo defienden, tratan de no hacer declaraciones, y hasta le echan la culpa al árbitro de la contienda (silbante y autoridades electorales) de avalar sus cochineros.

Pero lo más desafortunado de todo, es que a pesar de los intereses millonarios que anteponen los “dueños del balón” por encima del aficionado o del gobernado, que es el que menos les importa y que finalmente son los principales consumidores de los productos que patrocinan con los que se pagan su lujosa vida, demuestran cada vez más una corrompida, arrogante y discriminatoria actividad en ambas canchas: la política y la deportiva, respectivamente.

No todos son igual, claro. Tanto en el fútbol, como en la clase política hay buenos cuadros, gente dedicada a hacer un buen papel en su área y jugar a la perfección, para algún día llegar a la Selección Mayor, y coronarse con un título; algunos con listones y medallas de Campeón, y otros, con la banda presidencial o alguna gubernatura.

Aquí lo importante de todo, no es que el peso mexicano se haya devaluado nuevamente ante el dólar, sino que la Selección Mexicana pasó a la final y que se enfrentará a su similar de Jamaica, quien osadamente venció a los Estados Unidos 2-0, con goles de Darren Mattocks al minuto 32´ y Giles Barns al 36’, para dejar fuera del torneo de Concacaf a los paisanos de Dunald Trump, que al igual que el “equipo de las Barras y las Estrellas”, fueron abucheados por los latinos en su propia casa.