Autocomplacencia
René Avilés Fabila
El PRI, en sus distintas versiones, es también un partido con claroscuros. Sin duda con más oscuridad que claridad. La presencia del general Cárdenas lo enaltece, pero su sucesor, Ávila Camacho, comienza el viraje hacia la derecha. Ruiz Cortines y López Mateos hacen lo posible por mantener, dentro del canon político establecido por los herederos de la Revolución Mexicana, un camino progresista. La Guerra Fría hace las cosas difíciles, México se ve obligado a mantenerse entre ambos poderes, pero naturalmente se sitúa más cerca de los buenos vecinos yanquis que de los soviéticos y la naciente y explosiva Revolución Cubana. Los no alineados le ofrecen una posibilidad, la tercera vía: ni capitalismo ni socialismo, pero no, el PRI busca un camino propio, dentro del capitalismo y lejos de las conquistas revolucionarias.tico ha ocupado todos los cargos imaginablesst, quie a la sazolucrados con esas elecciones presidenciales siguen vivos y algo pe
Para el momento en que el hijo del general Cárdenas, Cuauhtémoc, busca la Presidencia por vez primera, está dentro de un partido anquilosado, en manos de un tirano sexenal. No hay remedio, antecedentes de transgresores los hay en México, el ingeniero opta por lanzar su candidatura apoyado por una coalición extraña de partidos de izquierda.
¿Qué pasó realmente en 1988, se cayó el sistema o no, hubo fraude o el proceso electoral fue más o menos limpio? Respuestas para todos los gustos las hay, sólo que ninguna es satisfactoria. Queremos la verdad. Pero los personajes involucrados con esas elecciones presidenciales siguen vivos y algo peor, actuantes.
Uno de ellos es Manuel Bartlett, quien a la sazón era el secretario de Gobernación y en consecuencia el que dirigía los procesos electorales. Este hábil político ha ocupado todos los cargos imaginables. Actualmente es senador por el Partido del Trabajo y dudo mucho que quiera hablar de su papel en aquel histórico momento. Quizás lo haga cuando se retire a escribir sus memorias. No parece estar dispuesto a aceptar la petición de Cárdenas: “Bartlett debe contar lo que sabe sobre las elecciones de 1988”.
Otro que tiene toda la información es sin duda Carlos Salinas, otra voz que guardará silencio o que podrá afirmar que fueron limpias y que él las ganó con facilidad. Por ahora, no sabremos qué exactamente ocurrió aquel año ya distante. El resto lo conocemos bien. El delfín no fue, contra lo que muchos esperaban, Manuel Camacho sino Luis Donaldo Colosio. En plena campaña y luego de un discurso ejemplar, asesinaron al político priista. He aquí otro secreto de Estado celosamente engavetado.
Juguemos a las conjeturas. ¿Qué hubiera pasado si como muchos creemos, ganó Cárdenas y a él le dan las llaves de Los Pinos? ¿O qué hubiera sucedido si no matan a Colosio, otra persona de cualidades intachables? Es posible que el PRI jamás hubiera perdido ruidosamente ante el PAN dos veces, con Fox y Calderón. Claro, estas preguntas simplonas conducirían a un PRI mejor y a gobiernos mejores, honestos y sin corrupción y a una situación más o menos estable.
Pero la realidad es otra. El PRI se recuperó, un tanto maltrecho y en un escenario más complejo que cuando fue derrotado por Fox. Hoy, mientras en Morena hay un candidato presidencial que puede crecer y hacerse peligroso y un PAN que habla de alianzas con el PRD, el PRI sigue actuando como si nada hubiera cambiado en el año 2000. No tiene candidato presidencial, no está permitido alzar la mano para ello. Y como si esto fuera poco, el país vive dentro de un inmenso caos semejante al Estado fallido, por más que sus adeptos lo nieguen.
En este contexto, desde ahora, no pareciera que el PRI repita su pasado triunfo electoral. El país cambia con celeridad y el único que no cambia es el partido de Peña Nieto. Las transformaciones son tantas y de tal lamentable dignidad que el antes “PRIAN” es ahora una buena relación entre la derecha y la imaginaria izquierda. Morena y los políticos “ciudadanos” preparando el terreno desde hace tiempo. ¿Qué hace el gobierno federal y su partido ruinoso, sumido en la autocomplacencia?
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