Globalización o soberanía

Alfredo Ríos Camarena

Una vez más, las crisis recurrentes que ha producido el fin de la globalización neoliberal ponen el mundo en peligro con graves recesiones económicas, pues el cobro de la deuda griega ha encontrado una vieja enemiga que nunca se había manifestado con la claridad de hoy, se trata de la soberanía, puesto que ningún gobernante había consultado en un plebiscito, si aceptaba o no, las draconianas medidas que ha impuesto el Fondo Monetario Internacional para rescatar países que intencionalmente fueron endeudados en todos los continentes, a cambio de adelgazar las funciones del Estado.

En efecto, el parlamento griego aprobó hace unos días, por 178 votos a favor y 129 en contra, la celebración de una consulta sobre la aceptación o no de las condiciones que proponen los prestamistas.

Los ministros de finanzas de los 18 países que se reunieron en Bruselas rechazaron la petición del gobierno griego, de extender el pago de su rescate hasta después de la consulta del 5 de julio, de tal suerte que Alexis Tsipras y su partido Syriza se quedan solos, frente a una presión internacional que probablemente cometa un error que costará muy caro, como sucedió con los llamados efectos tango, tequila, dragón.

El ilustre filósofo alemán Jürgen Habermas ha hecho una crítica al modelo de política económica sobre Grecia impulsada por la primer ministro alemana Ángela Merkel, refiriéndose como “un medicamento que contiene una combinación tóxica de antibióticos y veneno para ratas”.

Estas historias de presión brutal para el cobro de créditos —muchas veces fraudulentos— como el que sufrimos los mexicanos con los famosos Bonos Jecker —que dieron pie a la imposición del emperador Maximiliano, a la guerra con Napoleón III y que no fueron pagados gracias a la patriótica voluntad de Benito Juárez— se han sucedido una y otra vez en función del crecimiento del capitalismo, que hoy —en su nueva etapa— ya no utiliza los cañones de los barcos invasores, sino los controles económicos que producen más muerte, hambre y miseria que la propia guerra.

La decisión del pueblo griego de este 5 de julio definirá no sólo el futuro de ese país, sino del ritmo que tome la crisis mundial en la que ya estamos inmersos, pues las bolsas de valores del planeta se han caído y la cotización del dólar se ha incrementado.

Votar por el significa aceptar cláusulas que empobrecerán más al pueblo griego, pero que permitirán un rescate que mantenga la macroeconomía global; a este clavo ardiente se acogen los grandes financistas y especuladores de la Unión Europea que, al negar el plazo mínimo a Grecia, amenazan con una crisis que ya implicó el cierre parcial de bancos y la baja de la calificación de la deuda griega.

El primer ministro Tsipras encabeza el no y ha afirmado que está dispuesto a dejar su cargo si no obtiene la votación deseada.

Las medidas neoliberales se debaten en una consulta. La dicotomía entre soberanía y globalización está librando una de sus batallas más trascendentales.

La tragedia griega continúa.