Entrevista a Ana Laura Martínez Gutiérrez / Consultora del Imco / Exclusiva para Siempre!

Moisés Castillo

¿Se puede hablar de democracia cuando más de la mitad de la población mexicana está en pobreza? Luego de un crecimiento económico importante y sostenido durante el “milagro mexicano” entre 1952-1970, la economía nacional se ha comportado de una forma mediocre. La liberación del comercio y la reorientación económica han producido más pobres en México. Ya lo dijo Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008: no ha sucedido casi nada en tres décadas de reformas.

“La gran liberalización ya tiene 30 años y claramente eso por sí mismo no bastó… Una de las cosas que sí es decepcionante es el despegue en el crecimiento económico. Ustedes todavía siguen esperando ese crecimiento y que México se convierta en un país como Corea”.

 

Las cifras del Coneval y Oxfam México

La pobreza y la desigualdad es el gran problema de México, así lo confirman los recientes resultados del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval): en los últimos dos años, 2 millones de mexicanos se sumaron a las filas de la pobreza. De 2012 a 2014 aumentó la pobreza, pasando del 45.5% de la población al 46.2%, elevándose el número de pobres en 2 millones de personas: de 53.3 a 55.3 millones.

Las entidades donde aumentó más el número de pobres son el Estado de México, que alcanza la cifra de 8 millones 269 mil; Chiapas, con 3 millones 961 mil; Puebla con 3 millones 958 mil; Michoacán con 2 millones 700 mil, y Oaxaca con 2 millones 662 mil.

El secretario ejecutivo del Coneval, Gonzalo Hernández Licona, aseguró que el aumento de la pobreza se debe a una menor actividad económica.

“En México ha aumentado la pobreza básicamente por temas económicos. El INEGI dice que el ingreso de las familias en promedio cayó 3.5% entre 2012 y 2014. La política social en México, en general, se ha dirigido a la pobreza extrema y ésta ha venido cayendo. El gran tema es cómo reactivar la economía. No hemos hecho lo suficiente para que el país crezca económicamente”.

El estudio “Desigualdad extrema en México. Concentración del poder económico y político”, que presentó Oxfam México, advierte que el claro vínculo que prevalece en México entre desigualdad y pobreza, condiciona el futuro de los mexicanos.

El informe realizado por Gerardo Esquivel, investigador de El Colegio de México, revela el país como una de las naciones que vive un proceso de desigualdad extrema.

“México está dentro del 25% de los países con mayores niveles de desigualdad en el mundo y es uno de los dos países más desiguales de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos”.

“Por tanto, el tema de la desigualdad extrema se debe poner en la agenda del debate nacional por razones éticas, políticas y económicas. Las condiciones de desigualdad en el país son tales, que el 1% de la población posee el 43% de toda la riqueza en México”.

Reducción marginal

Para Ana Laura Martínez Gutiérrez, consultora del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) y maestra en desarrollo por la London School of Economics, se requiere que la política económica vaya de la mano con la política social para combatir eficientemente la pobreza y la desigualdad en México.

“Hay que aprovechar los datos que nos brinda el Coneval para construir políticas públicas eficientes. Estos datos nos demuestran los límites de la política social, hasta dónde llega la política social y hasta dónde es necesario crear empleos bien remunerados, y cómo ambos, tanto la política social como un ingreso adecuado para las familias, son complementarios para combatir la pobreza”.

Ante los recientes resultados del Coneval, ¿la política social del gobierno federal ha fracasado?

Lo que demuestran los datos es más bien el fracaso de la teoría de que el crecimiento económico le llega a todo el mundo por igual y logra beneficiar a todos los grupos de población. Si se analizan los datos del Coneval, lo que tenemos es que la política social ha permitido reducir las carencias en aspectos como vivienda, salud, educación. Con excepción del tema alimentario, vemos que las carencias en general se han reducido pero, paradójicamente, el ingreso de las familias, al menos en los últimos dos años que es lo que nos muestra el Coneval, se ha deteriorado.

En los últimos 30 años, se han concretado reformas económicas importantes, pero la pobreza no cede, ¿fallaron programas como Solidaridad y ahora Prospera?

En general es algo que estamos viendo como uno de los productos secundarios de la globalización. Lo que tenemos en México —que se ve en muchos otros países del nivel de desarrollo que el nuestro— es que ciertos grupos poblacionales con un nivel educativo avanzado, con habilidades como hablar inglés, se pueden sumar más fácilmente a la dinámica de un país que intenta globalizarse vía las reformas. Hay grupos sociales que ante la globalización se quedan rezagados, en especial aquéllos con mano de obra poco calificada. Enfrentamos competencia de países como China e India que tienen salarios muy bajos y eso deteriora el ingreso de dicho sector. Las reformas económicas que ha tenido México, desde finales de los años ochenta, definitivamente tienen una relación con los resultados de la pobreza, pero lo que no podemos decir es que sin ellas estaríamos mejor. En suma: tras la globalización, por un lado, quedan grupos pobres con mano de obra poco calificada, y ciertos grupos que se vuelven competitivos y se benefician de la apertura económica.

¿Tiene algo que presumir la titular de Sedesol, Rosario Robles? Pareciera que está satisfecha porque 90 mil personas salieron de la pobreza extrema.

Los datos sí revelan que disminuyó la pobreza extrema pero, hay que resaltarlo, esa reducción es marginal: equivale a una disminución de 0.8%. Esa disminución en la pobreza extrema tiene que ver con una disminución en las carencias. Es decir, no tanto en una mejora sostenida del ingreso sino en un mejor acceso a la educación, salud y vivienda. Sin embargo, sí vemos que de todos modos sí hay un grupo adicional de pobres en el país. Habría que analizar si eso significa un deterioro de la clase media hacia la pobreza, o simplemente la tasa de natalidad entre los hogares que están en pobreza es mayor que el resto de la sociedad y, por lo tanto, es ahí donde se están sumando los pobres.

 

Círculo vicioso de desigualdad

¿Cómo es posible que México tenga al hombre más rico del mundo y, al mismo tiempo, la mitad de la población esté sumida en la pobreza?

Es una pregunta muy compleja, hay demasiadas aristas, tiene que ver con política económica, con política social, incluso tiene que ver con la historia moderna del país. Precisamente, en un documento reciente publicado por Oxfam1 se evidencia que México está inmerso en un círculo vicioso de desigualdad, bajo crecimiento económico y pobreza.

Por muchos años, probablemente todo el siglo XX, los economistas creyeron que había que enfocarse en generar crecimiento económico y que esto, por sí solo, iba a ayudar a la población menos favorecida. Mientras las grandes empresas crecieran, ese beneficio, en algún momento, llegaría a las partes más bajas. En los últimos años y, en especial, a partir de la publicación de un libro fundamental: El capital en el siglo XXI, de Thomas Piketty, se ha venido generando evidencia de que es falsa la fórmula de los beneficios económicos por “goteo” si no hay políticas públicas adecuadas para lograrlo.

Han surgido recientemente varios estudios que evidencian, como el de la OCDE 2014,2 que la desigualdad frena el crecimiento económico. Para México se ha traducido en una pérdida de poco más de 10% de crecimiento del PIB entre 1990 y el año 2010. Es decir, uno de los múltiples costos que la desigualdad en México produce es la de un crecimiento económico más lento. Por lo tanto, se genera un círculo vicioso en el que cada vez más los recursos se concentran en unos pocos y los pobres se hacen más pobres.

¿Qué efectos tiene el aumento de la pobreza en el desarrollo de la democracia mexicana?

En una democracia, cuando la riqueza está muy concentrada en un pequeño grupo, se facilita a ese grupo capturar la política y, por tanto, las políticas públicas empiezan a beneficiar principalmente a ese grupo. Esto nos podría dar una explicación de por qué estamos viendo, no sólo en México sino en muchas democracias, que los ricos cada vez se hacen más ricos y las políticas públicas les favorecen sólo a ellos y no son lo distributivas que deberían de ser. Cuando los países se polarizan, las clases medias tienden a invertir menos en educación y esta población se vuelve más pobre, como sucede en Estados Unidos donde las clases medias ya no están mandando a los chicos a las universidades y la desigualdad aumenta nuevamente consolidando un circulo vicioso en el que la desigualdad afecta el desarrollo democrático y las democracias permiten un florecimiento de la desigualdad.

¿Cómo terminar con este círculo vicioso? ¿Cuáles serían las alternativas verdaderas para frenar la pobreza?

A la luz de los datos que tenemos del Coneval, la lectura más positiva que podemos tener es la necesidad de construir políticas públicas adecuadas y comprender los límites de la política social. Más allá, si hay corrupción o no, si el dinero realmente le llega a la gente, lo que evidencian esos datos es que la política social tiene un límite, por más “Prosperas” que haya, mientras no mejoren las condiciones de acceso a los mercados de varias regiones del país no se podrá frenar la desigualdad. La concentración de la pobreza en estados como Oaxaca, Chiapas, Guerrero, es histórica, pero justo en estas regiones se deben enfocar las políticas públicas y mejorar el acceso de las personas a los mercados por medio de la educación, mejores políticas de ingreso, incrementar los salarios mínimos y lo que se ha hecho en otro países para reducir la desigualdad: tener un sistema eficiente de cobro de impuestos progresivo.

Estamos, por ejemplo, cobrando el impuesto sobre la renta a sectores de la población con un ingreso muy pequeño, no tiene ningún sentido. Una comparación del sistema impositivo chileno con el mexicano muestra que existe una estructura progresiva un poco más suavizada en el país sudamericano. En Chile, las personas que ganan el equivalente a 15 mil pesos mexicanos o menos no están sujetas a ISR.

Mientras tanto, en México una persona que gana ese salario paga una tasa de alrededor de 21%. Lo que se necesita es que la política económica vaya de la mano con la política social.

[1] Gerardo Esquivel, Desigualdad extrema. Concentración del poder económico y político, México, OXFAM, 2015.

2 Federico Cingano, “Trends in Income Inequality and Its Impact on Economic Growth”, OECD, Employment and Migration Working paper No. 163, 2014.