Sara Rosalía

 

Cortázar fue sin duda el más aguerrido defensor de la revolución cubana. García Márquez que estuvo más cerca, se lo tomó con más calma. La batalla de Cortázar fue la más solitaria, eran los dos, el argentino y el colombiano contra todos.

El caso Padilla

La historia, intrincada y larga, comenzó en 1968 cuando un jurado internacional otorgó el Premio Julián del Casal a Fuera del juego, un poemario de Heberto Padilla. La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) decide publicarlo, pero el prólogo expresa su discrepancia con sus críticas, que se juzgan infundadas, contra la Revolución Cubana y sus ataques a escritores identificados con ella como Nicolás Guillén. El libro circula dentro y fuera de Cuba, además de con el prólogo, con el voto razonado del jurado, es decir, los argumentos (juicios positivos) para otorgarlo. El 3 de noviembre de 1968, la revista Verde Olivo, órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, publica un artículo de Leopoldo Ávila, en que se refiere a Padilla por asediar a los visitantes extranjeros y criticar sistemáticamente a la revolución. En una encuesta de la revista para jóvenes el Caimán barbudo, sobre La pasión de Urbino, novela de Lisandro Otero entonces recién publicada, Heberto Padilla la califica de banal y la contrapone a Tres tristes tigres, del disidente Guillermo Cabrera Infante, quien, después de ser diplomático del gobierno de su país, había roto con el régimen cubano en agosto de 1968. El 19 de marzo de 1969 aparece en el diario Le Monde, de Francia, una página completa en que la editorial Du Seuil pone a la venta la edición francesa de Fuera del juego y anuncia su traducción a 14 idiomas más.

Los cubanos denuncian que hay una campaña de desprestigio contra la revolución, orquestada en cuatro libros: uno, del fotógrafo Pierre Golendorf, para la editorial Laffont, (después absorbida por Times Warner) quien será acusado más tarde por las autoridades cubanas de ser agente de la Central de Inteligencia de los Estados Unidos (la CIA); otro, de K, S. Karol, Los guerrilleros en el poder, un tercero, posterior, de Jorge Edwards Persona non grata y un cuarto, de Hans Magnus Enzesberger, El interrogatorio de la Habana.

En febrero de 1971 es detenido Golendorf y permanece en prisión 38 meses. A Heberto Padilla, acusado de ser informante de estos autores, lo aprenden un mes después y es liberado el 27 de abril de 1971. Padilla, que hace una autocrítica, abandona Cuba en 1981 contratado por universidades norteamericanas. A propósito del caso Padilla, Mario Vargas Llosa promueve una carta defendiendo al poeta en contra del régimen cubano y compara a Fidel con Stalin, Hitler y Mussolini. La firman todos los anticomunistas como el propio Vargas Llosa y Octavio Paz, pero también amigos de Cuba, como Sartre y Simone de Beauvoir, quienes incluso le retiran la palabra a Alejo Carpentier que es diplomático del gobierno cubano en Francia. José Revueltas, quien está preso en Lecumberri por el movimiento estudiantil de 1968, es visitado en la cárcel por Paz quien lo convence de firmar la carta. Los poetas Jaime Labastida y Eduardo Lizalde, espartaquistas unos años antes, también la suscriben. La carta aparece firmada por García Márquez, quien al día siguiente aclara, que sí lo llamaron, pero no aceptó firmarla. El nombre de Julio Cortázar no aparece y escribe un poema en contra de los firmantes titulado Policrítica en la hora de los chacales que es francamente feroz contra los firmantes y solidario con Cuba. (Aquí al lado reproducimos el poema).

            No es la única vez que Cortázar pasa lista de presente al lado de la revolución cubana. A la escritora Rosa Montero le confía en una entrevista que Cuba fue su camino de damasco. Relata que cuando escuchaba una manifestación peronista se refugiaba en su casa y olvidaba los gritos con una sonata de Mozart. En cambio, añade que en Cuba se sintió identificado con esa multitud, fue pues, su iluminación, la conversión de Saulo en Pablo. Al visitar Cuba en 1963, escribe que cuando Fidel Castro mencionó el nombre del Che Guevara y escuchó que lo vitorearon 300 mil gargantas “me sentí orgulloso de ser argentino”. Y se trasforma de un escritor sólo preocupado por la estética, en un hombre que se ocupa de los demás. El cuento, “Reunión” se lo dedicó al Che al igual que este poema:

 

 

No nos vimos nunca pero no importaba.

Yo tuve un hermano

que iba por los montes

mientras yo dormía.

Lo quise a mi modo,

le tomé su voz

libre como el agua,

caminé de a ratos

cerca de su sombra.

 

No nos vimos nunca

pero no importaba,

mi hermano despierto

mientras yo dormía,

mi hermano mostrándome

detrás de la noche

su estrella elegida.

 

 

También encontró el amor en Cuba

En lo personal, también Cuba influyó en Cortázar. La primera esposa y albacea de su obra literaria después de la muerte del escritor, fue Aurora Bernárdez. Sin embargo, en Cuba conoce a la que habría de ser su compañera sentimental por diez años: la lituana Ugné Karvelis. Marisa E. Martínez Pérsico, cita estas palabras de la mujer que la especialista califica de “politizada” e “impetuosa”: “Fue en la Habana donde encontré al otro Julio, ése al que yo acompañé durante tantos años. Era en enero de 1967, yo había sido invitada por la Casa de las Américas y descubría con pasión la revolución cubana. Acorazada tras mi ejemplar de Rayuela terminé por lanzarme al asalto del gran hombre, interponiéndome entre él y el mostrador de la recepción en donde iba a depositar su llave ¡Oh sorpresa! Me invitó a tomar un mojito.” Agrava el asunto, que muchos suponen que en la separación de Cortázar de Bernárdez tuvo que ver que a ella no le agradó el proceso cubano e incluso jamás volvió.