Marco Muñoz
En la época de Hernán Cortes —entonces dueño de innumerables hectáreas y de varias propiedades— surge un complejo arquitectónico para la siembra y cosecha del trigo, así como de la explotación de molinos. Se trata del Ex Molino de Belem. Su historia es sumamente azarosa y ha pasado a manos de varios propietarios, así llegó a ser en 1841 la Compañía Papelera Mexicana —junto con la fábrica de papel de Loreto, en San Ángel; ambos sitios marcaban una nueva etapa en el país, de la actividad industrial. Posteriormente, en los inicios de la Revolución Mexicana, el inmueble, con sus casi doscientas hectáreas, se vendió al Gobierno Federal para que fuera ocupado durante cien años aproximadamente por diversas dependencias gubernamentales. En el año 2008 el inmueble entra como proyecto para albergar el Museo de la Policía Federal —con mayor dirección para el público infantil y juvenil.
El museo no sólo expone las herramientas y las armas para sus labores sino que promueve una cultura y conocimiento de la tarea en prevención del delito, al igual que muestra cada avance en tecnología de punta que utiliza la Policía Federal, algo que se antoja sumamente ajeno pero no puede soslayarse porque el México de hoy se obliga a obtener más recursos, tanto en inteligencia como en tecnología, y en este rubro el museo es una ventana al esquema de operación de seguridad de la nación. Tal propuesta se ha encargado a la Unidad de Desarrollo e Integración Institucional, a través de su titular, licenciada Mireya Barbosa Betancourt, para coordinar y promocionar la cultura entre la dependencia gubernamental y la sociedad, que atiende e involucra a la gente no sólo en el Museo de la Policía Federal (participa también en la ruta La Noche de Museos, el último miércoles de cada mes) sino por igual con otros proyectos culturales tanto en la capital del país como en el resto del territorio nacional que integran a diversos sectores sociales: organizaciones civiles, empresariales, religiosas y también otras dependencias de gobierno tanto locales como del país.
El involucrarse es conocer, por ende es dejar de ignorar lo que sucede alrededor de cada persona, de cada sector social, por eso este museo trabaja en obtener un diálogo, en crear conciencia, un vínculo de entendimiento entre los hombres y las mujeres, que ejercen la labor de seguridad, y la sociedad, además de ser un espacio declarado patrimonio histórico nacional por su valor arquitectónico y su historia.
