Hay unos 16 mil 925 escombros
René Anaya
El 4 de octubre de 1957, cuando la entonces Unión Soviética lanzó el primer satélite al espacio, el Sputnik 1, comenzó la era espacial, primero marcada por una acelerada carrera espacial entre las dos potencias mundiales de aquel tiempo. Posteriormente otros países se incorporaron a la investigación y uso del espacio.
En ese tiempo no se le prestó mucha atención a los satélites que dejaban de funcionar, aunque siguieran girando en la órbita terrestre, porque se consideraba ─como lo es─ que el espacio es inmensamente grande, pero no se tomó en cuenta que las órbitas espaciales se saturarían en poco tiempo, como ha ocurrido, por lo que ahora se tiene un congestionamiento espacial.
La basura espacial
Tal vez la buena noticia es que, según la Oficina del Programa de la Administración Estadounidense de Aeronáutica y del Espacio de Restos Orbitales (NASA Orbital Debris Program Office), la cantidad de basura o escombros espaciales ha dejado de crecer de manera alarmante, por lo menos en el primer semestre del año, ya que de enero a junio, solamente aumentó en 19 objetos (pasó de 16 mil 906 a 16 mil 925).
La mala noticia es que no se especifica qué tamaño de chatarra espacial se cuantificó, únicamente se define como escombro espacial al número de satélites funcionales y no funcionales que han sido puestos en órbita o hecho descender para hundirlos al mar, así como cohetes antiguos y todo objeto procedente de la fragmentación de residuos provenientes de lanzamientos fallidos, explosiones o colisiones.
Si se toma en cuenta esta definición, se diría que los datos son optimistas, pero probablemente el recuento es de escombros de un tamaño mayor a diez centímetros porque en realidad, según datos de la NASA y la Agencia Espacial Europea, se estima que hay más de cien millones de objetos de un tamaño superior a un milímetro girando alrededor de la Tierra a una velocidad promedio de 28 mil kilómetros por hora.
Esos fragmentos satelitales, por más pequeños que sean, pueden causar graves daños a satélites en funcionamiento cuando se impactan con ellos a una enorme velocidad, por lo que la Estación Espacial Internacional ha cambiado de órbita tres veces para evitar una colisión, como la que se muestra en la película Gravedad, de Alfonso Cuarón.
Los datos que dio a conocer la NASA desglosan los 16 mil 925 escombros espaciales por regiones o países de origen. Se refiere que 6 mil 282 pertenecen a la Comunidad de Estados Independientes, integrada por Rusia, Uzbekistán, Kazakstán, Azerbaiyán, Bielorrusia, Tayikistán, Kirguistán, Turkmenistán, Moldavia y Armenia.
Estados Unidos aporta 5 mil 182 objetos, China 3 mil 706, Francia tiene 508 escombros espaciales, Japón contribuye con 209, India con 165; la Agencia Espacial Europea con 97 y otras naciones, es decir, países que han entrado a la era espacial con satélites propios aunque no necesariamente lanzados por ellos, suman 776 objetos a la basura espacial registrada por el programa de la NASA.
Los fragmentos de la era espacial
Por su parte, la Red de Supervisión Espacial de Estados Unidos presenta datos más inquietantes que describen realmente el problema de congestionamiento espacial. Esta red sigue el rastro de decenas de miles de objetos con un diámetro mayor que seis centímetros, equivalentes a una pelota de tenis.
De acuerdo con esos datos y los de la Agencia Espacial Europea, se han contabilizado medio millón de trozos de entre uno y diez centímetros; más de 21 mil mayores de diez centímetros. Lo peor es muchos de esos fragmentos sufren o llegará a sufrir el efecto Kessler.
Donald J. Kessler, consultor de la NASA, ha planteado que el volumen de basura espacial en la órbita baja aumentará porque en cada choque se produce más basura espacial, como un efecto dominó o de cascada. Y si se considera que en esa órbita baja, de hasta 2 mil kilómetros de altitud, se encuentra la mayoría de los satélites en activo, incluyendo algunos de telecomunicaciones, la reproducción de fragmentos satelitales es enorme.
En la órbita alta, donde hay menos de tráfico, buena parte de esos satélites se encuentra en órbita geoestacionaria, es decir, que tarda 24 horas en darle una vuelta al planeta, por lo que es utilizada para telecomunicaciones (actualmente hay cerca de 400 satélites de este tipo) y, por lo tanto, su posición es regulada por normas internacionales.
Ante esa situación, las agencias espaciales han iniciado una serie de proyectos para limpiar el espacio, pero todavía no se tiene un programa internacional que coordine los esfuerzos para disminuir el congestionamiento espacial causado por los escombros satelitales.
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f/René Anaya Periodista Científico
