Los consejeros se portan bien
Humberto Musacchio
El Consejo General del INE, por siete votos contra cuatro, salvó la vida del PVEM, al que no le retiraron el registro, como demandan miles de mexicanos agraviados por ese grupo de delincuentes dedicados a comprar votos y a minar la credibilidad electoral. Gracias a esa resolución seguirá medrando el llamado Partido Verde Ecologista de México, empresa mercantil con la mayoría de las acciones en poder de una familia que sólo tiene de verde la pintura de sus oficinas, y si alguien lo duda, que explique por qué fue expulsado el PVEM de la Internacional Verde, que no le reconoce carácter ecologista.
La resolución del INE se produce cuando el expediente electoral del PVEM es una interminable cadena de violaciones de la ley, desde propaganda antes de las campañas hasta actos de proselitismo el día previo a la votación. El cúmulo de multas que ha pagado el membrete del pajarraco rebasa los 500 millones de pesos, lo que no parece importar a los gerentes de tan lucrativo negocio que de algún modo esperan reponerse del gasto, pero es precisamente esa colección de sanciones lo que dio pie a los siete consejeros del INE para perdonarle la vida al ave de mal agüero.
La reiterada violación de la ley es inadmisible en cualquier régimen jurídico. La contumacia siempre es punible. Sin embargo los señores consejeros, la mayoría, al argüir que deben ser los votos los que determinen si un partido pierde el registro, le extendieron un generoso amparo a la pandilla del tucán.
En contrapartida, se priva de registro al Partido del Trabajo porque supuestamente se quedó a centésimas del mínimo de votación que exige la ley. El caso es del todo cuestionable porque en la reciente jornada electoral el INE llevaba dos formas de recuento de votos, lo cual ya es sospechoso, y después de que el PT había acreditado una votación superior al tres por ciento, “se cayó” uno de los sistemas y pasaron a cuchillo a ese partido.
En suma, los siete consejeros se portaron sospechosamente inflexibles con el PT y más que bondadosos con el partido canalla —Jorge Alcocer dixit—. La razón es que el primero forma parte de las alianzas de izquierda y el PVEM es palero del PRI. Eso lo saben los consejeros y saben también que desde ahora hay que irle cerrando caminos a Andrés Manuel López Obrador, puntero en las encuestas.
Y algo más. Si esos consejeros filopriistas no hacen lo que su jefe espera de ellos, el Ejecutivo puede enviar al Congreso una iniciativa de reforma electoral —la enésima— que incluya la supresión del consejo y ellos se queden sin chamba. Y nadie desprecia un sueldazo de un cuarto de millón de pesos mensuales, más coche, chofer, secretaria, celular, oficina y todo aquello que un particular debe pagar de su bolsillo. Por eso los siete se portan bien.
