Alejandro Alvarado

¿Qué ocurre cuando un personaje se encuentra dentro de un movimiento para defender una religión que le da ciertos preceptos y por defender esa religión está rompiendo esos mismos preceptos?, se pregunta Miguel Ángel de León Ruiz V., quien en su novela El sermón de los muertos aborda el tema de la guerra cristera, el cual considera que está olvidado últimamente, y de él sólo se han escrito testimoniales o de denuncia y eso hace que pierda un poco su validez literaria.

Su idea fue, precisamente, presentar una propuesta estética, “tratar de recuperar no solamente las anécdotas, sino el lenguaje y las idiosincrasias de estos lugares”. La novela geográficamente se desarrolla en tres lugares: una parte de la ciudad de Guadalajara, la parte sur del estado y los Altos de Jalisco, “en donde las idiosincrasias de estos tres lugares son diferentes”. Miguel Ángel intentó recuperar la forma de expresarse de aquellos tiempos, su manera de ver el mundo, cuya intención fue dar un panorama de “cómo vivía el ser humano común que estaba adentro. Por lo regular, a ese movimiento entró gente católica, practicantes que se formaron con los diez mandamientos y, de repente, ya dentro del movimiento, se ven obligados a matar y a robar. Me interesa analizar qué ocurre en ellos, en su fuero interno, qué contradicciones están viviendo.”

—¿A qué conclusiones lo lleva este suceso?

—La razón por la que se desencadenó el movimiento es una y la razón por la que la gente entró al movimiento es otra. Fue una lucha de poder entre el Estado y la jerarquía eclesiástica. Esta última estaba aprovechando un momento en donde yo recuerdo que los norteamericanos no querían reconocer a Obregón, empezaron a pelear porque los artículos de la Constitución que hablaban de que el subsuelo era de la nación no se llevaran a cabo con la Constitución del 17. La Iglesia vio la oportunidad de, también, tratar de que se derogaran los artículos que tenían que ver con la educación laica y algunas otras cosas. El momento y trató de apretar y, en un conflicto de intereses, decidió levantar a la gente contra el Estado; tan es así que la mayoría de la personas que entraron a este movimiento —hablo de los sin nombre, nosotros, el pueblo— lo hicieron, según ellos, defendiendo su religión. El gobierno había cerrado los templos y los templos fueron cerrados por órdenes de la jerarquía eclesiástica.

—El país venía de una lucha en la que suprimió los privilegios clericales con la reforma promulgada por Benito Juárez, y de pronto se encuentra con un movimiento religioso, de tal magnitud, que origina una guerra ¿es esto un retroceso en la evolución del país?

—El resurgimiento de los radicalismos lo estamos viendo en todo el mundo. En México fue muy violento el movimiento religioso, porque eran tres fuerzas las que estaban enfrentándose; por un lado, la revolución inconclusa que había quedado, aquí, en esta parte del país y que la originaron los agraristas que peleaban el reparto de tierras; los hacendados, aliados con la comunidad eclesiástica, empezaron a pelear con los agraristas; y el ejército entra para evitar estos enfrentamientos. Esto se convierte en una pelea entre agraristas, gobierno y grupos cristeros; lo cual más que un retroceso, es una muestra de la incultura de las personas, porque cuando, de repente, empezamos a creer en esos pensamientos mágicos, cuando la fe está por encima de la razón y sobre las ideas, y Dios es el único que vale y lo que uno piensa no tiene importancia, vemos este tipo de matanzas. Otro ejemplo de esto son las matanzas que actualmente están dándose en el Medio Oriente con el Estado Islámico, que a final de cuentas su dios es el que vale y todo aquel que no esté de acuerdo no merece vivir.

—¿Cuál es el trasfondo del asesinato del presidente Álvaro Obregón? ¿Quién mandó a matarlo?

—Te respondo con la pregunta: ¿quién mató a Colosio? En este caso específico de tu cuestionamiento hay varias versiones. Hablan desde Calles, para quitárselo de encima. En lo personal, creo que es una conjunción de situaciones. Sabemos que estos entresijos del poder son muy perversos y de repente puede haber una intención así, un pensamiento de deshacerse de Obregón por parte de los grupos religiosos, pero acaso financiados desde el gobierno, financiados desde el Estado, a trasmano. Procuré escribir un libro que lleve a reflexiones. Hay que cuidarse de los totalitarismos, de los integrismos. Para ver el mundo hay que tratar de ser más plurales, tratar de entender al otro, no imponerle nuestras ideas ni nuestra forma de pensar.