MÉXICO EN EL MUNDO
Gonzalo Sánchez de Tagle*
Con razón, los cubanos insisten en no utilizar el término “normalización” en el estado actual, en tanto que el bloqueo económico, sus efectos extraterritoriales y la situación jurídica de la base de Guantánamo, no permiten hablar de una relación bilateral “normal”.
Aun cuando pareciera contradictorio, sobre todo por las restricciones en materia de derechos humanos y libertades civiles y políticas que el gobierno cubano impone a sus ciudadanos, la fortaleza de Cuba, en este momento, consiste en la fortaleza de su Estado, es decir, la firmeza de sus controles y la fuerza de su gobierno hoy representan una ventaja por cuanto se refiere al proceso de negociación con Estados Unidos y, sobre todo, en la vigilancia de la apertura de Cuba, para que sea ordenada, progresiva y con sentido estratégico hacia futuro.
La política cubana es como la vaticana: es lenta, pausada y se aferran al control de los cambios. En este momento, sobre todo con la apertura comercial, no habría por qué esperar otra cosa. Hay que recordar que en abril de 2014 Cuba aprobó la Ley de Inversión Extranjera No. 118, que posibilita la inversión privada. Bajo el tenor de esta Ley, se ha desarrollado la Zona Especial de Desarrollo Mariel, financiada sobre todo con capital brasileño. Destaca que la primera empresa ahí establecida es mexicana y se espera que una segunda sea aprobada pronto.
En todo este proceso se ha puesto en duda el papel de México, sobre todo debido a su ausencia en el proceso de negociación inicial. Hay que recordar que ese proceso comenzó a instancias del Papa Francisco y los encuentros tuvieron lugar en Canadá. Ambos tienen una razón de ser y una explicación racional. Canadá, tal vez como pocos países, garantizó la secrecía y discreción. El Papa, en cambio, fue un actor insustituible para Obama, por su legitimación y ascendencia en el sector conservador de Estados Unidos, sobre todo con el ala republicana.
Habrá que recordar también que México recién inició el proceso de relanzamiento de relaciones con Cuba, después de una década de distanciamiento diplomático. Por ello, es natural que México no participara en este proceso, lo que no significa que estemos fuera.
México tiene un importante papel que jugar, si lo hace con estrategia y sentido. No debe de competir con Cuba (turismo, por ejemplo), sino complementarse. Ambos países representan ventanas de acceso en diferentes espacios. Por ejemplo, Cuba frente a países africanos, con quienes tiene una larga y sólida relación, los países del ALBA y el Caribe; México, por su parte, frente a Europa y el propio Estados Unidos, así como con la integración Alianza del Pacífico y eventualmente el TPP.
El actual proceso entre Cuba y Estados Unidos corresponde sólo a cubanos y estadounidenses. México debe apoyar el proceso con solidaridad y sin injerencia, con respeto a los procesos, tiempos y espacios de cada país. Las oportunidades e influencia en beneficio propio vendrán con el tiempo, sin necesidad de acelerar los momentos ni pretender insertarse en un espacio ajeno.
Aun así, México sí debe ser en un futuro próximo el elemento de cohesión entre ambos países, tanto por historia como por intereses comunes y geografía.
Coordinador general del Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques, del Senado de la República.
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