José Gabriel Ríos

 Si una persona afirma acerca del amor, dice más de la persona que del amor, afirma James Hillman en su obra maestra El sueño y el inframundo. El contexto es que nos hace ver al mito de Eros en su real arquetipo, “y si vamos más allá en la noción de Eros, éste resulta ser el hermano de la muerte y no el principio que nos salvará de ella”.

La obra de James Hillman, como El mito del análisis y Re-imaginar la psicología tiene su expresión más controvertida en El sueño y el inframundo, misma que se relaciona con los tambores, campanas y metales, empleados con el fin de alejar los demonios de los muertos.

Se reconoce en la conciencia heroica del mundo antiguo, donde la noche era la fuente del mal, mientras que para la conciencia mística de los órficos, era la profundidad del amor.

Asegura que en la actualidad, nuestra conciencia es menos mística que heroica, y necesitamos conjuros para convocar a Hipnos o Hermes, para que nos ayuden a soñar.

De otra manera, El sueño y el inframundo parece una parodia grotesca, demencial, pero también es un rito movible que reúne elementos deformados de un baile de máscaras, feria ambulante y espectáculo: bullicio de figuras espontáneas, fascinantes y aterradoras.

En su aporte a la Gran Madre, predice Hillman que desaparecerá tras una monotonía interpretativa, “lo cual me hace creer que la psicología monoteísta, a la cual tan a menudo critico, es menos una mimesis del antiguo hebreo, que una de la Gran Madre… Así el cuerpo instintivo, ya sea de carne y hueso o en imagen, de hombre o de mujer, del pasado o del presente, pertenece a ella y debemos convertirnos en héroes-asesinos para recuperarla”.

Inversión, epístrofe, retorno del fenómeno a su contexto imaginario, dice Hillman, en ningún lugar se hace tan patente como en el circo, donde los payasos, con sus blancas caras de muerte, hacen música extraña, tropiezan y caen, tienen diarrea, que es esa implicación a la nekya, es decir, la fascinación órfico-cristiana por la purgación, donde los líderes de nuestro tiempo defecan como bebés: descomposición y creación; incontinencia, humillación, ridículo.

Otra variante en la obra de Hillman es una condición de amoralidad que puede llegar a extremos de egoísmo y crueldad sin remordimiento ni expiación. Por eso recomienda el psicólogo junguiano que necesitamos más esperanza como la de san Pablo, de invisibles que esperan invisibles, y no tanto la de Pandora, que como esposa de Prometeo, mantiene la esperanza que él hace evidente en su misión de ayudar a la humanidad.

James Hillman dice que la fuente más profunda de la moralidad de los dioses es el río gélido llamado Estigia, cuyo nombre significa odio, que es el papel en el orden universal de las cosas. Añade el psicoanalista que el odio, en otras palabras, deriva de su propia fuente y sirve para un propósito distinto en el ego, sin olvidar que éste detesta y persiste en su intento de destruir todos los objetos que son fuente de sentimientos dolorosos.

Uno de los problemas en el mundo son las llamadas de atención del cristianismo, donde el inframundo sigue siendo moralizado y la muerte es equiparada con el pecado. Según la tesis de Hillman, el cristianismo dio un golpe maestro de dos bandas: “Se libró del inframundo, lo escondió, y lo convirtió en algo aterrador, por ser la alternativa perpetua al camino de Cristo”.

En el capítulo intitulado “Sueños”, se dice que el aspecto dionisíaco de Hades hace que soñar sea la analogía de una obra de teatro: “Estamos viendo y actuando en una ópera o en la puesta en escena de una novela histórica: somos personajes oníricos, llevando la máscara, según lo que debemos representar y la forma en que lo debemos hacer”.

Abunda Hillman en la lucha del alma, por ir más allá de lo estrictamente natural. “Eso lo experimentamos como perversión, o el tormento y la tortura de la patologización, y entonces nos vemos obligados a avanzar a tientas por el tortuoso y enrevesado laberinto del soul-making, por nuestra propia naturaleza, que llamamos complejos y tiene por objeto una lysis, una salida.

Se cuestiona Hillman si acaso no es la persona compleja desde un principio, o en su caso, no son los dioses, los que se visten con nuestros complejos y hablan a través de ellos, desde siempre con una tensión interna.

Subrayamos como lo hace Hillman: trabajar sobre los sueños para debilitar al ego, hacer realidad psíquica, convertir la vida en materia a través de la muerte, y hacer alma con la imaginación.