MÉXICO EN EL MUNDO

 

VÍCTOR HERMOSILLO Y CELADA*

La semana pasada fui invitado por la señora Procuradora General de la Nación, Areli Gómez, a la incineración de más de 100 toneladas de droga en la ciudad de Tijuana, Baja California, a la cual no asistí por compromisos previamente agendados.
El debate en nuestro país sobre la legalización de la marihuana tiene varias aristas, pero hay dos fundamentales que justifican que su reflexión sea urgente y que se tomen decisiones al respecto. Por un lado, en varios estados de la Unión Americana se está legalizando su comercialización e incluso se está generando una economía importante alrededor de ello; por otro lado, en nuestro país hay una lucha permanente en contra de los cárteles de la droga para impedir su producción y distribución.
Este escenario genera, además de una inconsistencia clara en las políticas de los socios estratégicos, una dinámica de esfuerzos desperdiciados, pues en nuestro país hemos vivido una década de violencia y pareciera que no ha valido la pena si en Estados Unidos – los principales consumidores – ahora avalan su comercialización sin mayor inconveniente.
Si usted vive en la frontera está al tanto de los operativos que hace el Ejército y la Marina para interceptar los cargamentos de droga que desde el interior del país, por carretera, intentan hacer llegar a Estados Unidos. Nuestro país reduce su competitividad debido a los costes de dinero y tiempo por las largas filas para la inspección que hacen los norteamericanos para evitar el paso de indocumentados y de estupefacientes.
Otra consecuencia que lastima a la sociedad es la violencia ocasionada por el crimen organizado. Los asesinatos y las grandes cantidades de dinero que produce este negocio ilícito, ha desestabilizado al país. No tengo la menor duda de que a México le ha costado su prosperidad y desarrollo la operación de los cárteles de la droga. Muy diferente a lo que sucede en Estados Unidos, en donde la calidad de vida no se ve afectada por el consumo, dos puntos diametrales dentro del mismo mal.
Por estas razones resulta sorprendente, que sin un gran debate y sin coordinación con el Gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto, los norteamericanos estén legalizando la comercialización y el consumo de marihuana en estados como Colorado y Washington, y muy pronto en Ohio.
Aunque el gobierno federal de Estados Unidos está en contra, no ha hecho nada para impedirlo, pareciera que la administración de Barack Obama está esperando a que sean más los estados que apoyan este movimiento para después tener que aceptar “la voluntad” e implementarla a nivel nacional, por lo que en México tenemos que estar muy pendientes de las consecuencias de lo que esto pueda provocar.
 Según senadores del estado de California, con los cuales consulté el asunto, me externaron en corto que es una situación que está avanzando aceleradamente, por lo que se puede deducir que no van a tardar mucho en aprobarlo también en California.
Es momento de que en la agenda bilateral se le dé la relevancia necesaria a esta legalización, por un lado, y combate, por el otro. Sobre todo en nuestro país se tiene que abrir la discusión seria al tema, no perdamos de vista que en las primarias del Partido Republicano Donald Trump externó su intención de cobrar el cerco que impide que nuestros compatriotas se internen en su país; así nosotros podríamos exigir por las miles de muertes que el combate a las drogas ha generado. Si las circunstancias siguen de esta manera, en el corto tiempo esta guerra ya no tendrá razón de ser, porque ellos ya se convencieron de que consumir no es del todo malo.

*INTEGRANTE DE LA COMISIÓN DE RELACIONES EXTERIORES AMÉRICA DEL   NORTE
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