Periodista notable

René Avilés Fabila

 Dentro de mi generación, la mayoría arrancó escribiendo literatura y luego pasamos al periodismo. Marco Aurelio Carballo (1942) hizo el camino inverso. Primero fue un hombre que aprendió en el periodismo, y ya con el dominio de esta formidable herramienta, pasó a la literatura.

Marco Aurelio comenzó su carrera de gran reportero en el Excélsior del polémico Julio Scherer, fue uno de los muchos que abandonaron el diario siguiendo al director que iba rumbo a un exitoso exilio. Recuerdo que esa noche me llamaron Marco Aurelio y David Siller, estaban desconcertados y furiosos en la casa del primero. Si mis recuerdos no me engañan, invité a Carballo y a uno o dos más a dar clases en la UAM-X. La diáspora llevó a los expulsados por distintos rumbos. Un puñado selecto siguió a Scherer a fundar la revista Proceso. Otros más se fueron con Manuel Becerra Acosta hijo para crear un nuevo diario: Unomásuno, que en muy poco tiempo creció, se hizo importante y se hundió.

Para participar en ese diario novedoso, original y en manos de uno de los hombres más brillantes que he conocido —Becerra Acosta hijo— Carballo me invitó y de inmediato acepté. Me tocaron tareas de reportero, donde no daba una, y de articulista de fondo, donde lo hacía mejor. Durante el homenaje que un amplio grupo de colegas, unos cien, todos amigos del periodista y literato, Rafael Cardona recordó que, en secreto, trabajaba en un mamotreto o en varios. Se refería a la forma en que Marco Aurelio llamaba a sus novelas.

Para mí no fue ningún secreto, alguna vez tuve la fortuna de que me entrevistara y luego de preguntarme sobre mi ruta a la literatura, me contó de sus ambiciones literarias. En lo que pude le ayudé y así aparecieron sus primeros cuentos. Desde entonces se preocupó de hacer algo de periodismo para sobrevivir y el resto del tiempo lo utilizó para escribir cuentos y novelas, crónicas literarias. Obtuvo el Premio Nacional de Periodismo concedido por el gobierno de la república y el Premio Pagés Llergo, y en el campo literario fueron más los galardones que conquistó.

Nos tocó viajar juntos por distintos puntos del país, pero más que a cubrir algún hecho en particular, íbamos a dar conferencias o talleres de literatura. Carballo es un hombre discreto (aunque a él le agrada verse como selvático, hosco), poco afecto a los círculos intelectuales. Ha preferido a su familia y a sus amigos, de hecho casi todos colegas periodistas. Por ahora está enfermo, pero como en el homenaje varios dijeron, deseamos que se defienda con la misma rudeza con que vivió y siga escribiendo mamotretos y memorables reportajes, sus ingeniosas turbocrónicas y, en fin, sus relatos a veces descarnados, realistas y siempre tomados del entorno que ha vivido y nutrido de los muchos libros leídos.

Siempre! fue, ha sido y es, su casa. Marco me presentó a su fundador, José Pagés Llergo, legendario y duro periodista, hecho en la brega, quien le tenía un cariño muy especial y que expresaba con palabrotas.

El homenaje fue notable y emotivo, pero hay algo que quiero destacar: fue un cariñoso reconocimiento a su vida ejemplar, a su generosidad, a su periodismo sobresaliente y a su literatura destacada, hecho por sus camaradas, no por alguna institución cultural ni por una universidad. Fue, algo extraño en México, una acción tomada por docenas de periodistas y escritores que lo queremos y respetamos. En la mesa estuvimos Patricia Zama, su esposa, sus dos hijos, Rafael Cardona y yo. Pero como en estos casos es normal, el protocolo marcado por Fernando Macías se rompió y también hablaron Mónica Lavín, algunos compañeros de la preparatoria de su natal Chiapas, David Martín del Campo y David Siller. Destacaba la presencia de nuestra directora Beatriz Pagés y una larga lista de periodistas y literatos que brillan. El homenaje se transmitió por Internet para que Marco Aurelio Carballo pudiera observarlo.

www.reneavilesfabila.com.mx