Alejandro Alvarado
Hugo García Michel no se propone ser chistoso ni escribir con humor, sino que, declara, así se le da a él la literatura. La situación en su novela Matar por Ángela (Lectorum) es ridícula: Se trata de un tipo que quiere asesinar a sus rivales amorosos, a los que no dejan que una joven corresponda a sus pretensiones. “Ya desde ahí es ridículo querer matar a alguien en esas circunstancias”, asegura. “Es ridículo que intente hacerlo una persona que siquiera sería capaz de matar a una mosca que no lo deje dormir”. Hugo reconoce que el humor se da en su personalidad. Sospecha que tiene la capacidad de crearlo por herencia de su padre “quien también escribía y poseía un sentido de ironía muy desarrollado, de un humor muy ácido”.
—¿Cuáles son los límites del amor?
—Habría que distinguir primero entre amor y enamoramiento, porque son dos sentimientos muy distintos. Considero al enamoramiento como a una enfermedad, como una neurosis, como una enajenación. El amor es lo contrario: es positivo y generoso. Opino que el enamoramiento no tiene límites pero sí que va hacia abajo, porque te hundes en él, te hundes, te hundes y te hundes.
—¿En Matar por Ángela se refleja tu experiencia de editor, tu cercanía a textos periodísticos, tu gusto por el rock?
—Es una novela autobiográfica. El personaje es un periodista de rock, se llama Humberto Gasca, Hugo García; ya desde esa relación de nombres quise ser obvio de que se trataba de mí. En esa época, en los noventa, como el personaje, yo también era un periodista de rock que conoce a una fotógrafa y queda completamente enamorado de ella, la que, por cierto, es catorce años más chica que él. Antes se me hacía mucha distancia, actualmente ya no la creo tanta. Ahora ella es mi amiga, se divirtió con la idea y creo que le gustó el libro.
Siempre he sido un crítico, sobre todo para el rock en español, específicamente del rock en México, al cual llamo “rockcito”. Soy, tristemente, célebre porque llamo de esta manera al rock nacional. En la novela sí me burlo mucho de varios de los grupos que estaban de moda en los años noventa. Cuando se dio el boom de rock en tu idioma, con grupos como Los caifanes, La maldita vecindad y Café Tacuba. Aparecen algunos de ellos con nombres distintos en la novela. Esto es parte de la historia, y lo hice para que el lector relacione quiénes son los grupos camuflajeados.
—¿Cómo puede un escritor escribir una historia aparentemente sencilla, como la tuya, pero que contiene los suficientes recursos literarios para convertirla en una novela de verdaderos ganchos para el lector?
—No tengo idea (Hugo ríe con timidez). La novela, de hecho, maneja diferentes estilos. Cada capítulo está dividido en cuatro capítulos que a menudo cambian: Está narrado en segunda persona, luego en primera, de repente es como un guión de cine, otras veces, una nota periodística. Se me ocurrió como una especie de juego escribirla de esta manera. Cuando empecé a desarrollarla no sabía qué técnica iba a aplicar en ella. Me parece que escribo como si fuera un músico de jazz: voy improvisando. Tengo mucho esto, el de improvisar. No soy un improvisador irresponsable; en mi columna del periódico improviso mucho, pero sé en qué momento debo hacerlo. De repente leo la novela y no sé cómo la escribí. Debe haber una manera técnica pero no sabría describirla. Julio Patán me ha dicho que es oficio. Mi novela creo que se deja leer, es ligera pero no superficial.
—El personaje femenino es muy independiente…
—Curiosamente, hay gente que, cuando lee el libro, este personaje les cae mal. Lo ven como a una especie de villana, y yo, al contrario, siento que es una mujer muy fuerte, muy independiente, muy dueña de sí misma y, por lo mismo, con un egoísmo con el buen sentido de la palabra, de “yo soy yo y a mí ninguno me va a imponer lo que voy a hacer”. Al principio, hay una parte donde él le dice que uno de sus pretendientes es un macho, y ella le argumenta: cómo sabes tú que la macha no soy yo. La describí como una persona fuerte, muy admirable y muy profesional en lo que hace, que sabe bien a donde va, como es la mujer en que me inspiré. Obviamente, ella y el personaje no son unidimensionales, sino, como cualquier persona, con contradicciones.
A la chava que inspiró está historia le conservo un gran cariño; actualmente es una gran amiga. Reconozco que, sí, estuve enamorado locamente en una época de ella, pero de esto hace ya muchos años. Ahora, cuando nos vemos, nos reunimos como grandes amigos. Contra lo que le sucede a algunos lectores, a mí me gustan los personajes femeninos como Ángela, que son de una personalidad fuerte. El personaje masculino les disgusta también a ciertos lectores por su personalidad débil. A las mujeres les gusta más la novela que a los hombres, los lectores hombres dicen este cuate es un debilucho que se deja manejar. Pero yo creo que es parte de un proceso la búsqueda, la obsesión y la barrera que interponen muchas mujeres para poder seducirlas. Te llegan las ideas, las confusiones y quisieras encontrar, quizá, como solución, el asesinar al intruso que está manchando la bondad de tu amor. Es quizá un estado normal de un joven que no tiene la experiencia para resolver de otra manera sus problemáticas de amor. Bueno, no es precisamente de los jóvenes, sino un proceso de un estado emocional que se vive ante el amor.
